lunes, 10 de mayo de 2010

Historia de Islandia I


Algunos monjes irlandeses llegaron a Islandia antes del 800 d.C., pero la isla estuvo básicamente sin colonizar hasta el 870. El vikingo noruego Ingolfr Arnalson y su mujer fueron los primeros colonizadores permanentes, estableciéndose en Reykiavik en el 874.

Durante los siguientes 60 años, otros colonizadores llegaron a la isla principalmente desde Noruega, pero también de otros países nórdicos y de las islas Británicas. Hacia el 930, y paralela a la independencia, se desarrolló el Althing, asamblea de hombres libres, que actuó como órgano de gobierno.


El régimen establecido carecía de autoridad ejecutiva o jefe de Estado. Los poderes legislativo y judicial eran ejercidos por el Althing, pero la aplicación era responsabilidad de la parte agraviada, a veces asistido por los godi, poderosos jefes religiosos que en la práctica constituían la clase dirigente.

Sin embargo, el Estado prosperó durante más de 300 años. El terreno tenía recursos abundantes de pesca, focas y aves, y suficiente terreno de cultivo. Los comerciantes islandeses mantuvieron relaciones comerciales con Escandinavia, el continente europeo y las Islas Británicas, y la cultura floreció en una edad de oro que produjo el gran conjunto de literatura medieval islandesa. A finales del siglo X los islandeses colonizaron Groenlandia, y a comienzos del siglo XI, según la tradición, Leif Ericson, llegó al continente americano, denominando Vinland a las costas avistadas, pero el intento de colonización se frustró.


El cristianismo fue adoptado en el siglo X y en el 1000 d.C., el Althing decidió la conversión forzosa de todos los islandeses. Esta aparición de la Iglesia desestabilizó la autoridad secular; en primer lugar, socavó la antigua estructura de poder dominada por el Althing y además supuso la irrupción de potencias extranjeras que apoyaron a la Iglesia en su pugna con los poderes seculares. Islandia estuvo bajo la archidiócesis de Nidaros (hoy Trondheim), en Noruega y en 1262 el rey Haakon IV el Viejo de Noruega se aprovechó de la situación interna del país y fue reconocido como rey por los islandeses.

El dominio noruego trajo consigo una fuerte decadencia de las fortunas islandesas, tendencia que se mantuvo cuando Islandia (entonces dependencia noruega), acompañó a ésta en su unión en 1380 a Dinamarca, que buscaba expandir su navegación y comercio, y no quiso que el lucrativo comercio de pescado islandés tuviera como destino Inglaterra o Alemania, los dos países que tenían el mayor interés en la isla.

De forma gradual, la corona danesa redujo sus actividades comerciales en Islandia, y hacia mediados del siglo XVI había expulsado a casi todos los comerciantes extranjeros.


Al mismo tiempo, Dinamarca interfirió progresivamente en otras esferas de la vida islandesa. Desde 1540 se impuso el luteranismo en la isla, a pesar de la fuerte resistencia, que se mantuvo hasta la ejecución sin juicio del obispo católico, Jón Arason, y dos de sus hijos en 1550.

En 1602 se estableció el monopolio danés sobre el comercio de Islandia. Desde esa fecha hasta 1787, se permitió el comercio con Islandia sólo a los comerciantes con licencia, la cual era concedida exclusivamente por la corona. Como consecuencia, los precios de los artículos de primera necesidad, como grano, madera y productos de metal subieron vertiginosamente, mientras los productos islandeses (en su mayoría pesca y lana) eran infravalorados a causa de que sus precios eran fijados por los mismos comerciantes. A largo plazo, el sistema de opresión económica redujo a Islandia a la miseria.


En 1661, el rey Federico III implantó la monarquía absoluta en Dinamarca y Noruega; al año siguiente los dirigentes islandeses se vieron forzados, bajo amenaza de intervención armada, a aceptar tal régimen. Se sucedieron con rapidez la derogación de los poderes legislativos del Althing y la supresión de su función judicial. El país quedó despojado de todo poder político.

Durante el siglo XVIII, Islandia alcanzó el umbral de su decadencia. Se estima que al final de la época de colonización, en el 930, vivían entre 60.000 y 90.000 personas en el país; en los primeros años del siglo XVIII, cuando se realizó el primer censo nacional, la población había descendido a 50.000 habitantes.

Una serie de desastres (entre las que se cuentan una epidemia de viruela entre 1707 y 1709, las hambrunas de mediados de siglo y la erupción del volcán Laki en 1783) redujo la población a unos 35.000 habitantes, la mayor parte empobrecidos. Dinamarca contempló seriamente la posibilidad de evacuar a los islandeses supervivientes a las tierras baldías de la península de Jutlandia.

Desde mediados del siglo XVIII, sin embargo, la situación empezó a cambiar. Poco después de mitad del siglo un funcionario islandés estableció algunas industrias domésticas en Reykiavik, que por aquel entonces sólo estaba constituido por un grupo de cabañas. Aunque su esfuerzo fracasó finalmente, inspiró otros intentos que mejoraron las condiciones del país. El primer signo tangible de tal evolución fue la modificación del monopolio comercial en 1787, al permitirse el comercio con cualquier súbdito danés.

Aunque el siglo XIX comenzó con la supresión de funciones del Althing, finalmente se convirtió en la edad del resurgimiento islandés. Los movimientos revolucionarios en el continente europeo forzaron a un cambio político en Dinamarca, y pronto los islandeses también empezaron a exigir con fuerza sus derechos nacionales. En este conflicto tuvo un papel destacado el político Jón Sigurdsson, hoy venerado como héroe nacional. El Althing fue restablecido en 1843, el comercio quedó abierto a todas las naciones en 1854, y 20 años después se promulgó una Constitución, que otorgaba al Althing el control parcial sobre la economía nacional.

Hasta este momento la economía islandesa había seguido siendo básicamente medieval, pero con la autoridad financiera establecida dentro del país, empezó a modernizarse a un paso relativamente rápido. Al mismo tiempo, el conflicto por la independencia continuaba; en 1904 Islandia alcanzó el autogobierno, y en 1918 fue finalmente reconocida como un Estado independiente, solo unido nominalmente a la corona danesa, aunque Dinamarca conservara de hecho el control de la política exterior. Según este Tratado de Unión, cualquiera de los dos Estados tenía el derecho a revocar el acuerdo transcurridos 25 años. Durante el periodo de entreguerras nacieron los modernos partidos políticos y se hicieron progresos significativos, a pesar de los años de escasez que supuso la Gran Depresión, durante la década de 1930, que también afectó a Islandia.

Cuando Dinamarca fue ocupada por la Alemania nacionalsocialista en 1940, Islandia quedó aislada. Un mes después la isla fue ocupada, en esta ocasión por las tropas británicas. En mayo de 1941 el gobierno islandés nombró a Sveinn Bjornsson, un antiguo ministro islandés en Dinamarca, como regente.

El Tratado de Unión finalizó en 1943 y, ante la imposibilidad de renegociarlo, los islandeses decidieron actuar unilateralmente para no renovarlo. En un plebiscito celebrado a comienzos de 1944, con una participación del 98,6% de los electores, el 97,3% votó romper con todos los lazos que unían a Islandia con Dinamarca, tras lo cual se proclamó la República de Islandia en Thingvöllur el 17 de junio de 1944, con Sveinn Bjornsson como primer presidente.

Paradójicamente, Islandia celebró su liberación final del dominio extranjero mientras estaba todavía ocupada por otra potencia exterior. En 1941 el gobierno islandés había sido presionado por Gran Bretaña y Estados Unidos para que aceptara la presencia de fuerzas estadounidenses en su territorio hasta que finalizara la II Guerra Mundial. Sin embargo, contrario a las obligaciones contractuales adquiridas, Estados Unidos no retiró sus fuerzas al final de la guerra. En su lugar, el gobierno estadounidense solicitó bases militares permanentes en el país, aunque esto fue rechazado.

En 1946 se alcanzó un compromiso que permitía a Estados Unidos el control del aeropuerto de Keflavík durante seis años y medio. Sin embargo, en 1949, Islandia se convirtió en miembro fundador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y en 1951, durante la Guerra de Corea, Estados Unidos consiguió permiso para estacionar tropas en el país, esta vez al amparo de la OTAN. La presencia militar estadounidense, ininterrumpida desde 1941, ha dividido a la opinión pública de Islandia, pese a su incondicional apoyo a las democracias occidentales. En 1985, el Althing aprobó por unanimidad una resolución que prohibía la entrada de armas nucleares en territorio islandés.

Una segunda cuestión planteada desde la II Guerra Mundial ha implicado a otra democracia occidental, Gran Bretaña. El deseo por proteger los bancos de pesca y los puestos de trabajo llevó a Islandia a extender sus aguas territoriales desde las 4 hasta las 12 millas náuticas (de 7 a 22 km) en 1964 y 50 millas náuticas (93 km) en 1972. El gobierno británico respondió con el envío de barcos de guerra para proteger sus barcos de arrastre en las aguas conflictivas; el resultado fueron la dos primeras guerras del Bacalao que duraron hasta 1973 cuando ambas partes llegaron a un acuerdo temporal sobre los límites pesqueros. Un mes antes de que expirara, en octubre de 1975, Islandia extendió el límite hasta las 200 millas náuticas (370 km). El fracaso para alcanzar un nuevo acuerdo dio origen en noviembre de 1975 a la tercera y más seria guerra del Bacalao.

En 1976, Islandia rompió temporalmente relaciones diplomáticas con Gran Bretaña, lo que supuso la primera ruptura diplomática entre dos países pertenecientes a la OTAN. Al final los británicos aceptaron el nuevo límite y la retirada de sus barcos de arrastre en diciembre de 1976 tras largas negociaciones.

El problema económico islandés más grave ha sido la inflación derivada de los altos salarios y la fluctuación de los precios del pescado en el mercado mundial. Desde comienzos de la década de 1980 alcanzó una tasa anual del 38% anual, que forzó la devaluación de la corona islandesa y la introducción de una serie de medidas de austeridad. La inflación se redujo al 20% en el periodo 1985-1989. Hacia 1993, la inflación sólo alcanzaba un 4%. Los islandeses disfrutan de un nivel de vida que se encuentra entre los más altos del mundo. La política islandesa se ha caracterizado desde 1918 por los gobiernos de coalición. Las elecciones legislativas de 1991 dieron el triunfo a una coalición entre el Partido de la Independencia y el Partido Popular, que acordaron nombrar primer ministro al líder del primero, David Oddsson.

La presidenta islandesa, Vigdís Finnbogadóttir, la primera mujer en el mundo que se convirtió en jefe de Estado por sufragio universal, fue elegida por vez primera en la década de 1980. Se mantuvo en el cargo hasta junio de 1996, cuando unas nuevas elecciones presidenciales dieron la victoria a Ólafur Ragnar Grímsson, de la izquierdista Alianza Popular. En 2000, el Parlamento concedió un nuevo mandato a Grímsson, el cual fue reelegido en 2004 por los islandeses para permanecer en el cargo durante otros cuatro años.

En los comicios legislativos celebrados en mayo de 1999 la coalición gobernante de centro-derecha revalidó su mayoría. El conservador Partido de la Independencia, del primer ministro David Oddsson, obtuvo 26 escaños. En segundo lugar quedaron los socialdemócratas, con 17. De esta forma, Oddsson inició su tercer mandato consecutivo, pese a que el otro integrante de la coalición, el liberal Partido del Progreso, vio reducidos a 12 sus representantes en el Parlamento. Una vez expirada la legislatura, que se caracterizó por el crecimiento económico, en mayo de 2003 los islandeses volvieron a las urnas. Aunque con menor respaldo que cuatro años antes, la formación más votada fue de nuevo el Partido de la Independencia (22 diputados). Su socio gubernamental, el Partido del Progreso, conservó sus 12 escaños, lo que permitiría repetir la coalición saliente, con Oddsson al frente del ejecutivo, pese al incremento del voto socialdemócrata (20 escaños). En septiembre de 2004, Oddsson fue reemplazado por el líder del Partido del Progreso, Halldór Ásgrímsson, en virtud del acuerdo alcanzado por ambas formaciones para rotar la jefatura de gobierno. Ásgrímsson dimitió en junio de 2006 tras cosechar su partido pobres resultados en las elecciones locales, y fue reemplazado por el ministro de Asuntos Exteriores, Geir Haarde, del Partido de la Independencia. Las elecciones generales de mayo de 2007 fueron muy exitosas para esta formación, que formó una cómoda coalición mayoritaria con el Partido del Progreso.

Como consecuencia de la gravísima crisis económica que sumió al país en la bancarrota y su repercusión política, la coalición de Gobierno se desplomó en enero de 2009. Haarde fue reemplazado por Johanna Sigurdardottir, la primera mujer que accede al cargo de primer ministro, que encabezaría provisionalmente una coalición de socialdemócratas y ‘verdes’ hasta la celebración de unas nuevas elecciones generales.

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