viernes, 14 de septiembre de 2012

El compromiso del paciente, clave en el descenso de peso

Existen actualmente diferentes técnicas quirúrgicas y no quirúrgicas para bajar de peso, de acuerdo al perfil de cada persona y a la cantidad de kilos que se deseen perder. Pero especialistas advierten que sólo son efectivas si se acompañan con un cambio de actitud y estilo de vida del paciente.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo, en los últimos 30 años los casos de obesidad aumentaron considerablemente (a más de la mitad).

Datos de 2008 indicaban que existían alrededor de 1.400 millones de adultos de más de 20 años con sobrepeso, pero se espera que esa cifra alcance a 2.300 millones en 2015. En la actualidad, mucho se avanzó en el conocimiento de la enfermedad, y existen entre las alternativas de tratamiento, diferentes técnicas, quirúrgicas (como el bypass o la banda gástrica) y no quirúrgicas (tratamientos nutricionales, farmacológicos o la colocación del balón intragástrico), que pueden ayudar a las personas a bajar de peso.

La elección depende del perfil de cada persona, los kilos de más que se deseen perder y fundamentalmente del compromiso del paciente por cambiar su estilo de vida. “Ningún tratamiento es exitoso sin el compromiso del paciente por cambiar su estilo de vida”, afirmó Rosa Labanca médica nutricionista, directora de asistencia y docencia de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios (Saota).

El sobrepeso y la obesidad pueden ser perjudiciales para la salud, se los relaciona directamente con la aparición de diabetes, problemas cardiológicos, articulares, algunos cánceres (endometrio, mama, colon) y de hecho se lo considera como el quinto factor de riesgo de muerte en el mundo. Cada año fallecen por lo menos 2,8 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. “Es importante tratar a los pacientes cuando tienen sobrepeso (Índice de Masa Corporal de 25 a 30) ya que es allí cuando estamos todavía a tiempo de prevenir o evitar complicaciones mayores como la diabetes, la hipertensión y las dislipidemias, además de las patologías locales como dolor de rodillas y otros problemas articulares que no son menores como el lumbago o dolor de espalda”, explicó la doctora. “La obesidad es por regla general la gran responsable de la diabetes tipo 2: muchas veces bajando de peso en un 10% podemos evitar esta enfermedad”, agregó. La especialista también resaltó que es válido la realización de un tratamiento en aquella persona que lo solicita por causas estéticas y en quien aún no se ha manifestado una complicación mayor. “Debemos utilizar en estos casos otra metodología”, aclaró.

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa y se diferencian entre sí por el Índice de Masa Corporal (IMC) un indicador que resulta de la división del peso corporal por la altura elevada al cuadrado (por ejemplo, en una persona que mide 1.60 y pesa 60 kilos, deberá realizar la siguiente división: 60/2.56= IMC: 23).

Según la OMS, un IMC por debajo de 25 es un peso normal, igual o superior a 25 determina sobrepeso y uno igual o superior a 30, obesidad. “Se estima que en la Argentina más de la mitad de la población adulta, sin distinción de sexo y edad, presenta exceso de peso: en un 35% de los casos puede hablarse de sobrepeso y en un 18% de obesidad”, indicó la especialista.

Alternativas de tratamiento

No quirúrgicos:

* Tratamiento clínico nutricional: controlar el ingreso de energía alimentaria es uno de los tratamientos más efectivos y el que debe acompañar cualquier otro tratamiento. En ese punto la dietoterapia, dirigida a limitar el consumo de los alimentos “más apetitosos” para cada paciente puede ser la manera de mitigar el hambre y hacerla más tolerable. En algunos casos, cuando el paciente no puede perder peso por un tiempo determinado, es necesario recurrir a otras técnicas.

* Farmacológicos: existen en el mercado distintos medicamentos con diferentes mecanismos de acción, que el médico puede indicar según el perfil de cada paciente, ayudan con el tratamiento aunque no son la solución. Algunos disminuyen la absorción de grasa en el intestino y otros actúan sobre el apetito.

* Balón intragástrico: es un balón de silicona que se coloca en el estómago del paciente. No es una cirugía, sino que se realiza por vía endoscópica. Es un procedimiento transitorio que consiste en la colocación de un balón en el estómago durante un período de 6 meses y luego se retira. Al ocupar un 40% del estómago produce una sensación de saciedad con la ingesta de pequeñas porciones de alimentos. Se utiliza generalmente en pacientes que ya intentaron otro tipo de tratamientos nutricionales o farmacológicos sin éxito y tienen un sobrepeso de entre 15 y 20 kilos; en pacientes que presentan alto riesgo quirúrgico o también en quienes requieren un procedimiento “puente” o paso previo a una cirugía bariátrica (los pacientes obesos antes de someterse a una cirugía, deben bajar de peso para evitar ciertos riesgos quirúrgicos asociados a su obesidad). La colocación y su extracción son procedimientos ambulatorios, el paciente vuelve a su domicilio el mismo día. El procedimiento es realizado por médicos gastroenterólogos y endoscopistas, especialmente capacitados en esta técnica y que cuentan con equipos interdisciplinarios (endocrinólogos, psicólogos, nutricionistas) que brindan al paciente un seguimiento integral. La colocación del balón no es un procedimiento aislado sino un programa para descenso de peso. Si bien la efectividad del tratamiento es en sí misma alta (pérdida de peso promedio del 12% del peso inicial), el éxito depende fundamentalmente de la adhesión y compromiso del paciente, ya que los cambios de hábitos alimenticios y de ejercicio son un punto importante y complementario.

Quirúrgicos:

La cirugía es un método reservado y recomendado para aquellos pacientes cuyo IMC es superior a 40 refractarios a  la dietoterapia, farmacoterapia,  psicoterapia y ejercicioterapia, o bien con un IMC de 35 pero con enfermedades asociadas como la hipertensión arterial o diabetes tipo 2. Los procedimientos quirúrgicos más frecuentes son:

* Bypass gástrico: consiste en crear un pequeño reservorio gástrico que se comunica con el intestino delgado, “salteando” el resto del estómago, duodeno y primeras porciones de intestino delgado. Su funcionamiento se basa en disminuir la capacidad del estómago y generar rápidamente sensación de saciedad. Se estima que en general permite un descenso de peso del 70%. Es un procedimiento irreversible ya que se debe seccionar el estómago, el intestino delgado y unirlos salteando una porción del tubo digestivo.

* Banda gástrica: se confecciona un pequeño reservorio gástrico que restringe la ingesta y sólo permite el ingreso de pequeñas cantidades de alimentos. Es un dispositivo que se coloca en la parte superior del estómago, por cirugía laparoscópica, destinado a desacelerar la digestión y estimular la saciedad precoz. Al igual que con el bypass, la persona ingiere una poca cantidad de comida y queda satisfecha más rápidamente. Provoca un descenso de peso similar al del bypass.

“Tanto la cirugía como el balón intragástrico, mejoran rápidamente la glucemia del paciente ya que  produce cambios en ciertas sustancias intestinales (las incretinas)  que  reducen el apetito  y mejoran las comorbilidades”, afirmó la doctora Labanca. Pero para que cualquiera de estos tratamientos resulte exitoso, es clave contemplar entre otros los siguientes factores: el análisis previo del paciente (determinar qué método es el más adecuado ya que cada uno cuenta con ventajas y desventajas); que sean realizados por un profesional entrenado que cuente con un equipo interdisciplinario que brinde al paciente un seguimiento integral, antes, durante y después del tratamiento; y finalmente con el compromiso del paciente: ninguna de estas técnicas es efectiva si no se acompaña de un cambio en el estilo de vida del paciente.

Fuente: infobae.com

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