En el Valle del Maipo, en las cercanías de la capital Santiago, tiene sus inicios la historia de la producción del vino chileno. Hasta hoy día es esta región vinícola la más conocida de Chile. De aquí provienen los vinos de exportación más exitosos y aquí se encuentran los pilares de la historia de la producción del vino: A partir de 1555, año en que la primera producción del país fue certificada en forma oficial con documento, pasando por la introducción de cepas francesas en 1851, hasta el año 1994, cuando se descubrió que aquí existían ejemplares de la cepa carménère, que se creía extinguida.
El clima en el Valle del Maipo es estable, con veranos cálidos y secos e inviernos cortos y suaves, que por regla general, no sobrepasan los 450 mm de precipitaciones anuales. Los días son calurosos, las noches frescas, y con esto los cambios de temperatura considerables. Sólo en las zonas altas del valle caen a veces heladas. Por las razones antes nombradas maduran aquí de la mejor forma uvas para vino tinto, conocidas por su necesidad de sol. De ahí que de las 10.000 hectáreas cultivadas aproximadamente, 8.000 sean para el cultivo de cepas para vino tinto (Cabernet sauvignon, merlot, carménère, syrah, cabernet franc y malbec). En las 2.000 hectáreas restantes crecen las clásicas cepas de vino blanco chardonnay, sauvignon blanc y semillón. Los suelos aquí son ricos en minerales, planos, arenosos-arcillosos, y de buena permeabilidad. Respecto a las instalaciones de riego, se irriga fundamentalment e a traves de canales que transportan las aguas provenientes del derretimiento de la nieve. El riego por goteo, por el contrario, está muy poco difundido.
El Valle del Maipo está bien protegido, ya que se encuentra entre el cordón montañoso de los Andes y la cordillera de la Costa. El valle es atravesado por dos ríos caudalosos: el Maipo y el Mapocho. La región vinícola está dividida en tres zonas de cultivo, de acuerdo al clima, la calidad del suelo y la altura: Maipo Alto, Maipo Medio y Maipo Costa. De ellas la más asoleada es Maipo Medio, que está ubicada aproximadamente a 550 metros sobre el nivel del mar, y es el lugar donde maduran los vinos tintos más frutosos y sedosos. En el Maipo Alto, ubicado más arriba y con un clima más frío, se producen vinos más estructurados y con niveles altos de taninos. Finalmente, en Maipo Costa, en las cercanías de la cordillera de la Costa con sus vientos frescos, se producen vinos de una acidez interesante.
El Valle del Maipo alberga las grandes viñas tradicionales de Chile, las que tienen aquí sus sedes principales, aún cuando se están expandiendo cada vez más a otras regiones. Entre ellas cuentan Concha y Toro (la viña más grande de Chile), Santa Rita, Cousiño Macul, Tarapacá, Carmen, Barón de Rothschild. Además están las viñas Antiyal y Pargua que producen vinos orgánicos de buena calidad. Finalmente, la cercanía a Santiago, con sus vinerías, boutiques de ventas especializadas y buenos restaurantes representan una ventaja adicional para esta región.
Valle Cachapoal
En el Valle de Rapel, ubicado a unos 100 kilómetros al sur de Santiago, se encuentran dos de las regiones vinícolas de Chile más prestigiosas y conocidas internacionalmente. Se trata del Valle Cachapoal, con su río del mismo nombre, al sur de Rancagua, así como del Valle Colchagua, el cual es irrigado por el río Tinguiririca.
Aquí entre suaves colinas de la cordillera de la Costa y su precordillera está la vieja ciudad colonial de Santa Cruz. En cuanto al clima, la zona se caracteriza por poseer el típico clima mediterráneo del valle central chileno: veranos calurosos e inviernos templados, además de grandes variaciones de temperatura entre el día y la noche. La existencia de marcados microclimas dependientes de la cercanía al mar o a las montañas, ofrecen variadas condiciones para el cultivo de diferentes cepas. Respecto a los suelos, éstos son por naturaleza ricos en mineral que estan depositados en capas arenosas, y con influencia de cal y piedras en algunos lugares. Debido a estas condiciones casi todas las cepas crecen aquí magníficamente, ya sea chardonnay, sauvignon blanc, merlot, cabernet sauvignon, syrah, carménère o malbec. Dentro de estas cepas son el merlot y el carménère las que alcanzaron una fama especial, a pesar de ser las menos productivas y cultivadas de la región.
El Valle de Cachapoal y dentro de éste en especial las áreas más altas cercanas a la cordillera, llamadas Alto Cachapoal fueron el destino preferido de inversores franceses y amantes del vino en los últimos años. Es así como conocidas familias vinícolas de Burdeos, Alsacia y la Loira, se asociaron con antiguos vinicultores chilenos o fundaron aquí bodegas, para producir vinos tintos de alta calidad y de características francesas. La ruta del vino en Alto Cachapoal está bien desarrollada y a sus costados se erigen conocidas viñas, tales como Altaïr, Morandé, Anakena, Misiones de Rengo o Chateau Los Boldos. En relación a las características de los vinos aquí producidos, las famosos tintos de merlot y carménère son fuertemente concentrados, frutosos y levemente dulces, con notas a chocolate y mermelada.
La relativa proximidad a Santiago hace interesante esta región vinícola para todos los visitantes, que no dispongan de mucho tiempo y que de todas maneras quieran ver algo más que las viñas cercanas a la capital. Además en las cercanías hay otras atracciones como un centro de deportes de invierno y reservas naturales. Otro atractivo representan Las Termas de Cauquenes que con sus baños termales invitan a relajarse. Finalmente, se puede visitar, también desde la ruta del vino, la antigua ciudad minera de Sewell.
Valle Colchagua
El valle fluvial del Tinguiririca posee las mismas condiciones climáticas que el vecino Valle Cachapoal: Temperaturas mediterráneas, viñedos bien protegidos y bien soleados, suelos arcillosos y ricos en minerales. Estas dos zonas conforman el Valle de Rapel, de donde provienen vinos de primer nivel. Vinos como Montes Alpha, Folly y Clos Apalta son considerados íconos de la industria vinícola chilena. Esta región vinícola se hizo conocida internacionalmente gracias a la elaboración de vinos de alta calidad; el patrimonio cultural chileno; las costumbres típicas; así como la excelente oferta en el sector del turismo del vino. Estas cualidades llevaron a la revista especializada estadounidense Wine Enthusiast a elegir al Valle de Colchagua como la “Región vinícola del año”.
En el Valle de Colchagua se creó en 1996 la primera ruta del vino chilena. Conocidas viñas como Lapostolle, Casa Silva, Montes, Laura Hartwig, Estampa y Montgras abrieron sus puertas al público. La Ruta I-50 que va desde la Ruta Norte-Sur hacia el Pacífico, lleva el sobrenombre oficial de “Carretera del Vino”.
Un punto de referencia es la pequeña ciudad colonial de Santa Cruz, desde donde se pueden visitar todas las viñas importantes. Pero otros atractivos destinos hacen esta región interesante. Por ejemplo, se puede visitar la Hacienda Huique, una antigua residencia de verano de presidentes chilenos, que fue restaurada en el estilo del siglo XVIII. También una experiencia interesante es un paseo en el “Tren del Vino” que, tirado por una locomotora a vapor, viaja por campos vitícolas y durante el recorrido se sirven los mejores vinos de la región. En la ciudad misma se encuentra el Hotel Santa Cruz Plaza, considerado una de las casas más lindas de Chile, que combina en forma elegante un servicio moderno con elementos tradicionales. Al lado del hotel se ubica el Museo de Colchagua, que es una visita obligada para todos los viajeros, ya que alberga la colección privada más grande del país, con una completa muestra que tiene como tema la historia de Chile y sus costumbres.
Finalmente, la “Viña Santa Cruz” donde se produce el emblemático vino “Chamán”, trabaja actualmente con ahínco en el desarrollo de una oferta especial del turismo del vino. El proyecto incluye un teleférico que transporta a los visitantes desde la bodega a la cima de un cerro que alberga un observatorio de estrellas, que por cierto no fue construido para el uso científico, sino que para ser visitado por el público en general. También hay una colección de objetos que incluye entre otras cosas restos de meteoritos y utensilios de astronautas. A continuación se puede dar un paseo para visitar el pueblo indígena de Santa Cruz, que exhibe reconstrucciones de viviendas de pueblos originarios tales como el Mapuche, Rapa Nui y Aymará.
Valle de Curicó
Más en el sur que las otras regiones vinícolas conocidas, se extiende el Valle de Curicó, a unos 220 kilómetros de la capital Santiago. En esta zona el clima es mediterráneo moderado, con días calurosos en el verano y noches frías-húmedas. Los inviernos están bajo la influencia de la zona de alta presión del Pacífico, lo que se traduce en precipitaciones de aproximadamente 720 mm anuales, siendo claramente más lluviosa que el Valle de Rapel.
Sobre los suelos se puede decir que son planos, erosionados, ricos en minerales y con una buena permeabilidad. En las zonas más altas predominan la arena y las piedras. Respecto al riego, numerosos canales de regadío cruzan la zona, alimentados por los ríos Teno y Lontué. En esta zona se encuentra la superficie de cultivo de cepas de vino blanco más grande del país.
Respecto a las cifras de cultivo, el Valle de Curicó alberga actualmente alrededor de 18.000 hectáreas de viñedos. En orden decreciente se cultivan aquí cabernet sauvignon, sauvignon blanc, merlot y chardonnay. Los comienzos de la producción vinícola se remontan a los tiempos de la familia Correa Albano, que ya en el año 1851 introdujo cepas nobles provenientes de Francia. Además en esta región, en las cercanías de la pequeña ciudad Molina, se encuentra la tercera bodega más grande del país, la “Viña San Pedro”. El Valle de Curicó fue también escenario de una de las modernizaciones tecnológicas más grandes de la industria vinícola chilena: a comienzos de los años ochenta, el enólogo español Miguel Torres almacenó, por primera vez, vino en estanques de acero inoxidable, dando el puntapié de partida a una m odernizac ión radical del sector vinícola del país.
Además, la “Viña Miguel Torres” fue también la primera en abrir la tradicional fiesta del vino, la Vendimia, a visitantes y amantes del vino. Adicionalmente, una escapada al Gourmet-Restaurante de Miguel Torres, ubicado en el camino longitudinal, es una visita obligada para todos los amantes de la buena mesa.
En resumen, el Valle de Curicó tiene una variada oferta turística en tormo al vino, desde fiestas tradicionales chilenas y degustaciones de vino, pasando por visitas de bodegas o boutiques, hasta una fina gastronomía y comidas típicas del país. Su cercanía a hermosas áreas recreativas, como las Cascadas Siete Tazas, la laguna Torca y el lago Vichuquén, hacen de esta región vinícola un interesante destino turístico.
Valle del Maule
La región vinícola del Valle del Maule queda a unos 260 kilómetros de Santiago y es la única, junto al Valle del Maipo, que reclama el título de “Cuna del vino chileno”. En efecto, la producción de vino en este frío valle fluvial, ubicado entre los Andes y la cordillera de la Costa, se remonta a los tiempos de los conquistadores españoles, que en el siglo XVI ya cultivaban la uva del país.
Incluso hoy, de las aproximadamente 31.000 hectáreas que se cultivan en la región, que por lo demás es la superficie cultivada conjunta más grande de Chile, se destinan 8.500 hectáreas a la uva roja del país. Las condiciones reinantes en el valle se caracterizan por un clima mediterráneo fresco, con inviernos lluviosos, y suelos ácidos y arcillosos, que, por un lado, reducen la productividad, pero por otro aumentan la calidad de las uvas. En el Valle del Maule se cul tivan todas las grandes cepas de vinos tintos y blancos, eso si los vinos tintos son esencialmente de gran valor (Cabernet sauvignon, carménère, merlot y malbec). La cercanía a los ríos también influye en el vino, siendo más frutosos aquellos que nacen de cepas cultivadas en las cercanías de las aguas, que aquellos vinos de uvas provenientes de las laderas.
En el Valle del Maule se diferencian tres zonas de cultivo que son el Valle de Río Claro, el Valle de Loncomilla y el Valle de Tutuvén. Éste último presenta una faceta menos conocida de la producción de vino chilena: Aquí predomina todavía el tradicional cultivo seco de vides, esto significa que la única agua que reciben las vides es la de la lluvia. En esta zona las cepas simples, como la uva del país y moscatel, no se cultivan en espaldera, sino que son cultivadas en vaso o en forma de copa.
Respecto al turismo en el Valle del Maule, éste se encuentra en auge. Alrededor de 16 viñedos, entre ellos Balduzzi, Casa Donoso, Calina, Domaine Oriental y Carpe Diem, ofrecen una completa atención al visitante, con hoteles propios, fina gastronomía, cabalgatas y recientemente incluso una “Vino-Terapia”. Respecto a los productos de la zona, el carménère es considerado el vino típico de la región, tanto así que existe un evento propio dedicado a él: “La Noche del Carménère”, que se celebra el segundo sábado del mes de noviembre (en medio de la primavera chilena). Otra gran fiesta es la que se realiza en la “Villa Cultural Huilquelemu” y es organizada por todos los viñedos importantes de la región. En esa ocasión de entrega el premios al mejor carménère del año.
Valle de Itata
A unos 400 kilómetros de Santiago y 50 kilómetros al este de Concepción se ubica el Valle de Itata, una de las zonas vinícolas tradicionales de Chile, en la que recién en los últimos años se comenzaron a producir, junto con la producción masiva de vinos de mesa simples, también vinos de alta calidad.
La superficie cultivada en la región corresponde a unas 10.000 hectáreas destinadas a cepas rústicas, como la del país y moscatel. En los últimos cinco años se agregaron unas 1.000 hectáreas de chardonnay y cabernet sauvignon. El Valle de Itata es atravesado por los ríos Itata y Ñuble y su clima se caracteriza por días bastante frescos y con mucho viento durante el verano, así como lluvioso en invierno. Sus suelos son arenosos y ricos en minerales, lo que permite una alta productividad. Extensas superficies de bosques se alternan con los viñedos ubicados en las abrigadas pendientes entre los Andes y la cordillera de la Costa.
La tradición del vino está siendo fomentada desde el año 2003 a través de un programa de gobierno, con el objetivo de reactivarla. La tradición se remonta a los tiempos de la conquista española, cuando se producían vinos para el consumo de todo el reino, incluso por momentos fueron considerados los mejores del territorio. Con la introducción de las cepas nobles europeas y el intenso cultivo en zonas más cálidas, el Valle de Itata cayó en el olvido. Hoy en día viñas innovadoras y orientadas a una producción de calidad intentan reavivar la región. Entre estas viñas están Casas de Giner, Viñedos del Larqui, Tierra y Fuego y Tierras de Arrau.
La vendimia en el Valle de Itata se lleva a cabo en dos etapas: Desde finales de febrero hasta mediados de marzo, cuando en Chile el verano llega a su fin, se cortan las blancas, mientras que desde mediados de marzo hasta finales de abril, a comienzos del otoño, es el turno de las rojas. La fiesta tradicional de la vendimia se celebra cada año, durante la primera semana de abril.
Valle del Bio Bio
La frontera más austral de las zonas vinícolas chilenas transcurre a lo largo del río Bío Bío, a unos 500 kilómetros de Santiago. También en este valle, como en el vecino Valle de Itata, se cultivan desde hace cientos de años las cepas rústicas uva del país y moscatel para la producción de vinos de mesa. Es así como hasta hoy, la producción masiva de vinos simples representa la base de las actividades vitivinícolas a las orillas del Bío Bío. Sin embargo y en forma paralela a las buenas experiencias en Itata y Limarí, diferentes viñas están trabajando en la producción de vinos de alta calidad.
Respecto al clima, éste es frío y con mucho viento en las cercanías del Bío Bío, incluso en verano; sus precipitaciones alcanzan los 1.100 mm anuales. Sus suelos son por naturaleza arenosos y pedregosos, y los depósitos orgánicos fluviales lo hacen fértil y productivo. Especialmente bajo estas condiciones crecen de buena forma las cepas nobles, ya que necesitan un período de maduración largo. El resultado son vinos naturales frescos y con acidez, entre los que cuentan el sauvignon blanc, el pinot noir, el riesling y el chardonnay. Algunas de las viñas que se han puesto como meta producir vinos de alta calidad en esta floreciente región son Carpe Diem, Don Francisco y VinSur. Finalmente, la Viña Canata, una empresa familiar con una rica tradición, presume de poseer la bodega más austral del mundo.
Fuente: trekkingchile.com