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lunes, 28 de diciembre de 2009

La sidra: princesa o Cenicienta de las Fiestas

Veamos. El título viene a cuento porque en las Fiestas, como se llama al período que va de la Navidad al Año Nuevo, se suele dar la oportunidad de consumir sidra, como una bebida que es la hermana pobre del rey de todo el año, que es el champagne, espumoso, cava, sekt o como prefiera llamarlo. (Recuerde que ´espumante´ es la sal de fruta cuando la arrojamos en un vaso de agua; y llamamos ´espumosa´ a una cerveza bien tirada. Por lo tanto, el masculino de ´espumosa´, es decir, que tiene espuma propia y no que la produce en otro líquido, es ´espumoso´).

Confesión. En mi casa se consumía como aperitivo o durante la comida, dependiendo de que fuera, la sidra "Dos Leones". Y no era porque faltara el champagne, ya que el excelente Duc de Saint Rémy de aquellos años, también en casa se consumía fluidamente. Pero es imborrable el recuerdo de esas copas de sidra helada, tomada durante el verano, que con sus 4° de alcohol nos preparaba para una siesta sin resacas. Eso sí, las botellas eran de un litro y el corcho era de alcornoque, lo que evitaba la lidia que implica abrir una botella de sidra el día de hoy, manos y botella transpirada, y una tira de plástico que pareciera que tuviera vaselina en su composición, que todo junto hace que la ceremonia de apertura ante la mirada familiar, sea una constante prueba de fortaleza, de la que no siempre se sale airoso.

¿La pobre? Depende, ya le dije, de los gustos y hábitos de cada uno. Para mí la sidra es una Princesa, así, con mayúscula, que no ha sido todo lo bien considerada en nuestro país por problemas de tilinguería, ignorancia y otras cuestiones, en las que hizo su aporte su precio muy accesible, y que en el pasado era frecuente que desde el gobierno se le regalara a los más humildes un pan dulce y una sidra, para ´dignificar´ las Fiestas.

Desde los romanos. Ya nuestros ancestros, al menos los míos, conocían perfectamente a las manzanas, llegadas de Asia Menor, y la llamaban pomo , que en realidad quiere decir fruta. No es casualidad, como diría Mariano Grondona, que los franceses la hayan bautizado como pomme .

Cuando decimos Asia Menor, nos referimos a las montañas de Kazajistán, que tan bien conociera el reconocido explorador Gogo Cayuela, y donde florecieran algunas de las 35 especies de malus , que nos llevan a la malus domestica , de donde saldrían las manzanas para sidra, de las que la principal variedad empleada para elaborar sidra es la malus sylvestris , que producen frutos muy ácidos, ricos en taninos astringentes, cualidades que ayudan a controlar la fermentación.

¿Asturiana? Ciertamente a nosotros nos viene la cosa de considerar a la sidra como originaria de Asturias, porque de allí venían las botellas que empezaron a consumir en nuestro país a principios del siglo XX. Pero se atribuye la representación mayor al País Vasco, y más concretamente a la provincia de Guipúzcoa.

Esto no quiere decir que tanto en el sur de Francia como de Inglaterra no haya tradición de producción sidrera, siguiendo la costumbre de comenzar la fermentación de forma muy lenta a final del otoño. De hecho, Francia tiene ese destilado de manzanas maravilloso que es el Calvados, que siempre me hace añorar al que alguna vez se produjo en nuestro país sin demasiada suerte comercial, y que confieso no saber si se sigue produciendo.

El txot. Es la costumbre de degustar la sidra directamente desde el barril, y el término se refiere a la pequeña madera o rama que se utilizaba para tapar el agujerito que se hacía para que la sidra fluyera directamente a los jarros. Una suerte de sidra ´tirada´, como se consigue hoy en Buenos Aires en lugares como Sagardi, Plaza Mayor o Campo di Fiori. Probar esta sidra suelta, bien seca y fría, es una experiencia gourmet de primerísimo nivel. Desgraciadamente, salvo excepciones, los propios restaurantes donde la sirven suelen no promocionarla adecuadamente.

La embotellada. El gran motivo de la que la sidra vasca no sea conocida mundialmente es que el 75% de lo que se produce se consume en el mismo País Vasco. Y lo increíble es que solo el 30% de la embotellada lleva etiqueta, con lo que tampoco trascienden marcas que hagan punta abriendo un mercado internacional para el producto.

Además, viaja mal. Claro, las virtudes que adornan a la sidra que son la naturalidad, la poca graduación alcohólica (alrededor de 4°), son las mismas que tienden a darle cierta inestabilidad que hace que se deba beber con mucha rapidez después de elaborada. La sidra no tiene como el vino la protección de una mayor graduación alcohólica, una intensa acidez y taninos que protegen su envejecimiento en botella.

La caída. A partir de 1523 los pescadores vascos traen maíz de las Antillas. Prontamente, las virtudes alimenticias del producto americano desplazan los manzanales como cultivo. Sobre llovido mojado, la Revolución Industrial deja despoblados los campos vascos porque los jóvenes eligen ir a trabajar a las fábricas. Lo poquito que quedaba, se ocupa de aniquilarlo la plantación masiva de pinos para la industria papelera.

Así arrinconada, la sidra esperó pasivamente que la cerveza y las gaseosas terminaran de aniquilarla, y conoció su punto más bajo en 1970.

El Renacimiento. Entonces los jóvenes sidreros vascos dieron un ¡basta! a la situación, desplazaron los viejos artesanos, cuyos métodos de producción obsoletos habían dejado de ser un arte y menos aún sanos. Empezaron a hacer manejo del frío en la fermentación, tomaron densímetros como los que se utilizan en la producción de vino, y las antiguas barricas dieron paso a la moderna utilización del acero inoxidable.

A esta movida le siguió el etiquetado de las botellas y un acuerdo para utilizar una botella tipo. Previamente, habían comenzado a replantar el manzano original apto para producción sidrera.

¿Y por casa? Por casa andamos más o menos. Porque no se han sufrido esos bajones profundos, pero tampoco hubo esfuerzos de la industria como tal para promover el consumo de sidra tanto de manera estacional como en el resto del año.

Mi impresión es que están en el mismo estadio que estaban nuestras bodegas nacionales allá por 1980, que miraban azoradas el devenir de los bodegueros extranjeros que fueron transformándolo todo a su paso, desde los viñedos, las variedades de cepas, la forma de vinificar, el packaging, y sobre todo, nos enseñaron a poner un ojo en el mercado externo, al que no nos atrevíamos, aceptando que el mercado internacional fuera liderado por Chile como un determinismo histórico.

Falta docencia. Los sidreros tienen que salir a explicarnos que la sidra sirve para hacer magníficos platos de comida, magníficos postres. Que existe el ´caldo de sidra´ para añadir a determinadas salsas.

Que no hay plato agridulce que no reciba bien una buena copa de sidra bien helada. Solo por casualidad, circulando por la ruta nacional N° 22 entre Río Negro y Neuquén se descubren desde la ruta sidrerías, que promueven marcas desconocidas en el resto del país. Ciertamente tienen un camino por recorrer.

Vinagre de sidra. A partir del jugo de manzana fermentado con levaduras se llega a elaborar un exquisito vinagre. Como las manzanas tienen abundante ácido málico -disculpe el lector tanto tecnicismo- los vinagres experimentan una fermentación maloláctica que ayuda a intensificar el aroma y el gusto, suavizando su acidez. Una característica del vinagre de sidra es que tiende a ponerse turbio. No se preocupe. Es más rico aún. Recuerde que lo importante es que esté presente el ácido acético, típico del vinagre, que hace maravillas en cualquier salsa o aderezo bien preparado.

Déle a la sidra. Por todo esto, no tenga temor. Beba sidra con ganas. Disimule ese mohín de desagrado que le producen las botellas achicadas por causa de la crisis, para no aumentar el precio y así medio tomarlo como otario al consumidor. O mejor aún, busque uno de los tantos lugares de sidra tirada, que además se la sirven en chop, y cómase una buena pasta en su compañía, con lo cual vivirá una experiencia gastronómica que me agradecerá. Ah, y si puede y quiere, elija las de etiqueta negra, que son las más secas. Valen la pena.

Fuente: lanacion.com

Servicio de la sidra ......


La sidra natural tradicional es un producto delicado y por tanto un buen servicio constituye la garantía final de calidad del producto.

Existen cuatro importantes factores que un buen servicio debe cuidar:

La conservación: La sidra natural no tiene fecha de caducidad, pero el producto, después del embotellado, sufre una continua evolución que depende del tipo de sidra. En general, la sidra mejora sus condiciones en las primeras semanas siguientes al embotellado, llegando a un momento óptimo, a partir del cual comienza a perder paulatinamente sus cualidades.


La conservación en lugar fresco evita inesperadas alteraciones de la sidra, y alarga el periodo de vida de la misma. (Mucho mejor cuanto más cercana sea la temperatura de conservación a la de servicio).

La temperatura: Una vez que se va a proceder al servicio ha de observarse la botella, si hubiera sedimentos en el fondo de la misma es conveniente agitarla enérgicamente y dejarla reposar, asimismo se observará la temperatura de la misma. Puede ser conveniente enfriarla, para ello son buenos los métodos de enfriamiento lentos, para que la sidra no sufra un salto térmico muy brusco (Inmersión en agua con hielo, o cámaras especiales a temperatura controlada). Lo más importante es que la temperatura final se sitúe entre los 12 y los 14ºC, dependiendo de la época del año y de los gustos del consumidor.

El escanciado: El escanciador debe tomar la botella con un mano, sujetarla sobre la parte intermedia de la misma y elevar el brazo. Con la otra mano, se toma el vaso con los dedos pulgar e índice, sujetando con el meñique y el anular el tapón que previamente se ha quitado de la botella. Este brazo debe de estar estirado hacia la parte baja del cuerpo. La postura no debe ser excesivamente rígida, sino natural. La botella y el vaso se deben situar preferentemente centrados con respecto al cuerpo. El vaso no se pone vertical, sino oblicuo, para que la sidra "rompa" contra el borde, y se pueda apreciar bien el comportamiento en vaso. Una vez echado el "culín o culete" (de unos 125-130 cl.) se levanta lentamente la mano que toma el vaso y se ofrece para el consumo. De una botella se deben obtener 5 ó 6 culetes.

Su consumo: El consumidor sujeta el vaso de sidra con los dedos índice y el pulgar, sosteniendo el vaso con el dedo corazón, lo acerca a los labios y bebe de forma continuada, sin hacer paradas, dejando al final un pequeño resto de sidra que se desecha.

Degustacion:

El color puede presentarse dentro de un abanico de tonalidades muy amplio y en todo caso aceptado. Además puede darnos información acerca del método de elaboración, composición de la sidra o la edad de la misma.

El Gas no puede ser excesivo. Hay que recordar que no se trata de una sidra espumosa. En la mayoría de los casos, este tipo de sidras presentan una ligera cantidad de gas endógeno que discretamente realza la frescura de la sidra.

Estas sidras no han de presentar turbidez. Han de ser perfectamente límpidas, translúcidas y brillantes.

A continuación, en la fase olfativa y a copa parada, se puede percibir una diferencia fundamental con respecto al producto tradicional, la intensidad aromática. Se admiten como muy positiva una intensidad media o alta. La baja intensidad aromática es un defecto en estas sidras.

Agitando la copa, se captan todos los aromas existentes. El perfil aromático está configurado por aromas varietales y fermentativos. Matices frutales y florales principalmente. Si la sidra se somete a fermentación en barrica o a crianza, encontraremos un surtido más complejo de aromas. La acidez “volátil” es siempre un defecto en la sidra natural “de nueva expresión”. En vía retronasal, se valora un aroma franco y persistente.

Pasamos a la boca y recordamos que estas sidras se consumen “a trago corto” y sin escanciar. La graduación alcohólica se sitúa entorno a los 6º y por lo tanto, siempre nos encontraremos con un producto “ligero”. Para suplir la “plenitud en boca” conseguida con el escanciado, la acidez y el amargor suelen ser más elevados. En este caso, el sabor dulce no es defectuoso y puede jugar un papel importante en el equilibrio final de la sidra. Las mejores sidras naturales de “nueva expresión” presentan finalmente un retro gusto prolongado y fino.”


Destacan propiedades de la sidra contra apoplejías, infartos y cáncer


Londres.- Científicos de la Universidad británica de Glasgow (Escocia) destacaron las propiedades de la sidra para la protección de la salud contra enfermedades como el cáncer, los ataques al corazón y las apoplejías.

Según un estudio realizado por la Universidad, ingerir un vaso de sidra puede ser más efectivo que comer una manzana diaria en la prevención de estas enfermedades.

De acuerdo con el equipo de investigadores a cargo del estudio, las manzanas inglesas de las que procede la sidra poseen químicos que protegen contra estas dolencias.

La teoría presentada por estos científicos será ahora comprobada en doce voluntarios que se someterán a pruebas médicas y análisis de sangre y orina, para estudiar los efectos de la sidra.

Los científicos intentarán así confirmar si esta popular bebida transmite al organismo agentes antioxidantes beneficiosos para combatir enfermedades.

Según declaró la máxima responsable del estudio, Serena Marks, "estudios previos sugieren que podría haber una asociación entre los fenólicos (componentes que se encuentran en la sidra) y la protección contra graves enfermedades".

Por ello, "estamos tratando de averiguar cómo podemos incluir fenólicos en nuestra dieta", indicó, y "sabemos que las manzanas son altas en fenólicos", componente que les da color y sabor.

"Nuestra investigación muestra que las manzanas de sidra tienen mayor contenido de fenólicos que las ingeridas en el postre", añadió, por lo que podrían ser más adecuadas para propósitos médicos.

Durante el estudio, se cuantificó el nivel de fenólicos de 19 variedades de manzanas inglesas para sidra y de 35 tipos de sidra, y se descubrió que algunos tipos de manzana y de sidra tienen más cantidad de este componente que otras.

Asturias ......


El Origen de la palabra sidra, viene de griego sikera. Al latín pasa como sicera y en asturiano se empezará a pronunciar sizra y luego finalmente sidra.

La sidra es una bebida alcohólica de baja graduación (4.5º grados) fabricada con el jugo fermentado de la manzana).

La sidra en la cultura asturiana tiene un rol fundamental! El punto de encuentro y de socialización más característico es, de hecho, la sidreria, donde podran beber sidra, acompañada de un “pinchín”, porque con el estómago vacío es peligrosa… Para que se den una idea una idea, en Asturias encontran tantas sidrerías como pizzerías en Italia.

En realidad existe un verdadero ritual para beber sidra: para apreciarla debe ser escanciada (haciendo caer el chorro de la contra el lateral del vaso de manera que al impactar con el mismo se oxigene) y consumida en el acto. Además no se bebe todo el contenido (”culete” o “culín“) sino que se deja un poco, que se tira, aprovechando para limpiar la parte interior del vaso allí donde hemos bebido. Esa es otra de las particularidades de la sidra: todo el mundo bebe compartiendo 1 o 2 vasos, lo que acentúa el caracter social de esta bebida.

Gastronomía Asturiana

Fabada asturiana, o simplemente fabada, es el cocido tradicional de la cocina asturiana elaborado con alubias blancas o fabes (en asturiano), embutidos como el chorizo y la morcilla, y con cerdo.

Ademas, existen más de 100 variedades diferentes de exquisitos quesos artesanales, de los que el Quesu Cabrales es el más famoso. Los más Llambiones (golosos) tendrán dificultades a la hora de elegir un postre: frixulelos, borrachinos, leche frita, casadielles…, aunque el más popular es el arroz con leche.

En Asturias, encontraréis también carne de primera y pescado y marisco fresquísimo (“no, el ayuntamiento de Gijón no nos paga por hacer pubicidad…”)

La sidra


A pesar de que existen numerosas opiniones y teorías al respecto, la mayoría de los historiadores coinciden en que la sidra se originó en los años anteriores a Cristo. Parece ser que a las civilizaciones de Egipto y Bizancio y, más tarde a las griegas, les gustaba beber sidra.

En los textos que de aquella época conocemos actualmente, son palpables el protagonismo y la importancia que entonces tenían los manzanos: en muchas ocasiones se empleaban como regalos o valiosas ofrendas. Los romanos preferían el vino, pero en las tierras que conquistaron se percataron de la tradición que en ellas había de elaborar sidra. Ellos, sin embargo, empleaban la sidra con fines curativos. Cuando el emperador romano Plinio entró en Asturias (23-79 d.C.) dijo, al parecer, que la sidra era una "bebida típica de este lugar".

Otros investigadores creen que el origen de la sidra está en una bebida que los celtas extraían de las manzanas. Según estos autores, fue dicha civilización quien dió a conocer esta bebida por toda Europa, pero, sin embargo, fueron los árabes quienes, mediante avanzados sistemas agrarios, extendieron las clases de manzanas y las técnicas para su producción por todo el continente.

Jose Uria Irastorza, autor del libro "Sagardoa", afirma que en algunas inscripciones del País Vasco anteriores al siglo VII aparecen nombres y apellidos que tienen en su raíz la palabra "sagar"(manzana). Los manzanales que el rey de Navarra Sancho el Grande obsequió en el año 1014 al monasterio de Leire, son un fiel reflejo de la presumible predilección que hacia la manzana había en aquella lejana época. De todas formas, será en el siglo XIII cuando los escritos hablen de la sidra. En un poema de aquella época se hace alusión por primera vez a la sidra o "al fermento sin brillo que los vascos hacen con manzanas de mal aspecto".

Pero a pesar de que en el País Vasco también se elaboraba sidra, Asturias ha sido desde aquella época la región más importante dentro del mundo de la sidra; y no sólo en lo que a su producción se refiere, sino también en cuanto a la tradición de beber sidra.

Históricamente, la sidra y los manzanos han sido elementos muy apreciados en esa región y ha sido una bebida muy querida por sus reyes durante muchos años. El pueblo, cuando se encontraba presionado por las deudas o tenía que realizar una ofrenda recurría a menudo a la sidra. Tal y como nos ha mostrado la historia, el crecimiento del sector sidrícola está totalmente relacionado con la situación económica del pueblo y el consumo se disparó en épocas de expansión económica. Así ocurrió en Asturias durante los siglos XII, XIII y XVIII.

Los años posteriores a la última Guerra Civil, fueron duros para esta bebida, ya que el régimen franquista prohibió su producción y consumo. Como consecuencia de la política contra la territorialidad llevada a cabo por el régimen, el consumo de la sidra descendió alarmantemente hasta el punto de que muchos temieran por su desaparición. Sin embargo, en la década de los 80 se produjo un esperanzador incremento de los manzanos y del consumo de la sidra.

La sidra en Europa

Esta bebida ha sido desde siempre un producto de gran tradición en los países de la costa atlántica, sobre todo en Francia, Inglaterra, Bélgica, Irlanda y Alemania. Los expertos señalan que la primera referencia que tenemos sobre la sidra se remonta a la época de Carlomagno (principios del siglo IX).

Francia es el principal país productor de sidra en Europa. Según los investigadores, en ese estado conocen la sidra desde los siglos V y VI, pero fue, sin embargo, en el siglo XV cuando la sidra experimentó un importante impulso debido al cambio climático que favoreció a este sector. Durante el siglo XVI, gracias a los sistemas de prensado que los reyes importaron de España, las técnicas de producción de la sidra se modernizaron. Luis XVI, al parecer, menciona frecuentemente en sus escritos la sidra.

Los primeros manzanos que se encontraron en Gran Bretaña fueron plantados por los romanos, pero los entendidos aseguran que los primeros indicios de la sidra son posteriores a la conquista de los normandos. Ellos fueron quienes llevaron nuevas clases de manzana y quienes establecieron la tradición sidrícola que hoy en día tiene lugar en la isla.

La sidra en America

Cuando los europeos conquistaron América llevaron consigo las técnicas de cultivo de manzanas y elaboración de sidra. Para el año 1629 los manzanos estaban completamente implantados en las colonias de Virginia y Massachusetts. Las manzanas que estos árboles daban no eran dulces ni licuosas y por esa razón fueron destinadas a la elaboración de sidra. En 1767 se bebía aproximadamente 1'14 barriles de sidra por persona en el estado de Massachusetts y los alumnos de Harvard consumían diariamente esta bebida, ya que era parte de su dieta. La sidra, al contrario que el whisky y otras bebidas alcohólicas, tenía una buena imagen y frecuentemente era consumida en celebraciones de todo tipo (reuniones familiares, celebraciones entre amigos, etc...). La propia Iglesia aprobaba su consumo y tanto curas como diáconos bebían sidra para hacer frente al frío invernal. Debido a la aceptación que la sidra tenía se llevaron a cabo importantes campañas para que en la época de la "Ley seca" fuera excluida de la lista de bebidas prohibidas.

Los tres primeros presidentes de Estados Unidos, George Washington, John Adams y Thomas Jefferson, fueron consumidores acérrimos de sidra y numerosos presidentes ofrecían esta bebida en sus recepciones y mítines. William Henry Harrison (1773-1841), por ejemplo, llegó a utilizar un barril de sidra como logotipo de su campaña.

Pero la situación que actualmente vive la sidra en Estados Unidos nada tiene que ver con la de hace 150 años. A pesar de que en la década de los 40 del pasado siglo la sidra era la bebida preferida de la clase trabajadora, la época de la "Ley seca", causó un daño irreparable en el consumo de esta bebida. Después de su prohibición la sidra no recuperó la buena situación anterior y quedó borrada de las mentes de los bebedores. ¿Por qué ocurrió este fenómeno con la sidra, si la cerveza, el whisky y el ron resurgieron con más fuerza que nunca? ¿Dónde se quedó la tradición de beber sidra? Todavía, hoy en día, no se han hallado razones de peso que expliquen este fenómeno.


Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina