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martes, 24 de agosto de 2010

Bomba de condimentos


Una mezcla de especias mexicanas puede dar positivo en los detectores de explosivos. Pasó en varios areopuerto del Mundo.

El tradicional mole mexicano, una mezcla de especias y chiles de origen prehispánico, ha dado positivo en algunas revisiones realizadas con detectores de explosivos en los aeropuertos del mundo, revelaron fuentes aeroportuarias mexicanas.

"En algunos detectores, no sólo de México sino en varias partes del mundo, el mole o las pastillas de menta dan positivo", explicó una fuente del Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (AICM), quien pidió no ser identificado.

El diario Reforma informa hoy de que en los últimos meses los positivos con mole se dieron en cuatro casos en vuelos hacia Estados Unidos, lo que confirmó la fuente.

Cuando un caso así sucede "a la persona la pueden pasar a una revisión a un equipo más sofisticado" que en el primer filtro, por lo que en el segundo se realiza una nueva revisión con "escaneo molecular", agregó la fuente del AICM.

El portavoz señaló que estos casos han sido "muy eventuales" porque no suele haber tanta gente que viaje con este alimento, de origen prehispánico pero que se perfeccionó en tiempos de la colonización española, durante los siglos XVI y XVII, con la influencia de nuevos ingredientes llegados de Asia y Europa.

El mole, comercializado en recipientes de vidrio, plástico o en sobres, que se vende como pasta o polvo, se elabora combinando más de una veintena de ingredientes, dependiendo de su tipo, entre ellos el cacao, varios chiles y distintas especias, que lo convierten en uno de los platillos más representativos de la cocina mexicana.

Su cuna se considera que está en el estado central de Puebla, donde se coció en los fogones de los conventos coloniales antes de conquistar el paladar del resto del país.

Las referencias y tratados sobre el mole son incontables en los libros sobre gastronomía y cultura de México, entre los que destaca "El libro de todos los moles", del periodista cultural Paco Ignacio Taibo, y "Mulli, el libro de los moles", de la chef Patricia Quintana.

En México se considera un platillo de fiesta o celebración, que a menudo se cuela en las cartas de bodas, cumpleaños y otras celebraciones, y en el imaginario popular circula la idea de que en cuanto a digestión puede caer "como una bomba".

Fuente: viaresto.clarin.com

viernes, 14 de agosto de 2009

La leyenda popular del mole


El origen del mole se pierde en la leyenda o se ubica en las grandes cocinas de los conventos poblanos de la Colonia. En dichos conventos se fortaleció y perfeccionó el arte culinario mexicano, pues se agasajaba frecuentemente a las grandes personalidades civiles y religiosas del Virreinato. Allí se disfrutaron por primera vez muchos de los platillos que a la postre dieron fama mundial a la coina mexicana.
Cuenta la leyenda, que en una ocasión Juan de Palafox, virrey de la Nueva España y arzobispo de Puebla, visitó su diócesis, un convento poblano le ofreció un banquete, para el cual los cocineros de la comunidad religiosa se esmeraron especialmente. El cocinero principal era fray Pascual, que ese día corría por toda la cocina dando ordenes ante la inminencia de la importante visita. Se dice que fray Pascual estaba particularmente nervioso y que comenzó a reprender a sus ayudantes, en vista del desorden que imperaba en la cocina. El mismo fray Pascual comenzó a amontonar en una charola todos los ingredientes para guardarlos en la despensa y era tal su prisa que fue a tropezar exactamente frente a la cazuela donde unos suculentos guajolotes estaban ya casi en su punto. Allí fueron a parar los chiles, trozos de chocolate y las más variadas especias echando a perder la comida que debía ofrecerse al Virrey.
Fue tanta la angustia de fray Pascual que éste comenzó a orar con toda su fe, justamente cuando le avisaban que los comensales estaban sentados a la mesa. Un rato más tarde, él mismo no pudo creer cuando todo el mundo elogió el accidentado platillo. Esta leyenda tuvo tanta acogida popular que incluso hoy, en los pequeños pueblos, las amas de casa apuradas invocan la ayuda del fraile con el siguiente verso: "San Pascual Bailón, atiza mi fogón". No obstante, lo seguro es que el mole no es producto de una casualidad, sino el resultado de un lento proceso culinario iniciado desde la época prehispánica y perfeccionado, sí, en la Colonia, cuando la cocina mexicana se enriqueció con elementos asiáticos y europeos. Cada región imprimió en el mole su sello propio y así fueron surgiendo el mole poblano, el mole negro de Oaxaca, el mole amarillito del sureste, el mole coloradito del Valle de México, el ranchero de la Altiplanicie y otros muchos que nos asombran tanto por su complejidad como por su sencillez.

Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina