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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cuando la burocracia agrava el hambre

MONTECARLO, Misiones.-
Los ojos del pequeño interpelan al extraño. Esa mirada sin luz propia parece preguntar qué espera ver el otro. Tendrá algo menos de dos años y es difícil que tenga conciencia plena de las privaciones que lo rodean, del peligro real en el que se encuentra.

El hambre acaba de matar en esta provincia a Milagros, una beba de 15 meses, hija de Francisca Benítez, una madre que apenas supera los 16 años. La suerte de aquel pequeño podría ser la misma si la burocracia sigue poniendo trabas a los platos de comida que no entienden de planes sociales, superposiciones de beneficios ni subsidios temporarios. Quizás, el pequeño de la mirada triste transmite como intuición el instinto de supervivencia. Su madre, joven y con otros tres chicos, relata los padecimientos colectivos en el barrio Palomar, un asentamiento en el que la dignidad se hace un buen lugar entre la pobreza extrema.

Esta ciudad, a unos 180 kilómetros de Posadas, irrumpió en la sociedad argentina por la muerte de Milagros. Hoy se sabe que suman ya más de 200 los menores de edad fallecidos este año en Misiones por carencias de alimentación. Otros 40 podrían agregarse en breve a esa estadística. No mueren por inanición, por no comer durante muchos días seguidos, pero sí por las enfermedades que atacan al no alimentarse cotidianamente, al faltarles nutrientes, al carecer de una dieta normal y al sobrarles obstáculos legales y políticos en el camino del auxilio.

Montecarlo es una bonita ciudad pegada a la ruta nacional 12, con un casco urbano que no muestra necesidades a primera vista.

En los barrios periféricos la situación es diferente. La desocupación castiga al sacar platos de comida. La familia del chico de ojos resignados tiene los inconvenientes comunes en esos asentamientos: no recibe un plato de comida oficial porque el DNI de la madre consigna una dirección fuera del municipio; entonces, para ser ayudada, debería anotarse en un pueblo alejado de esas maderas que sirven como habitación colectiva.

Esa traba normativa impide también que uno de los hijos obtenga un certificado médico que lo habilite a ir al colegio. El menor, que sí puede ir a la escuela, tiene graves problemas alimentarios pues, al ser mayor de seis años, no puede ser incorporado a un programa de asistencia. La solidaridad de vecinos parece ser la única alternativa.

La mayoría aquí vive de changas, que hoy son difíciles de conseguir. Los hombres con los que habló La Nacion se muestran como gente trabajadora.

"Cualquier cosa, menos robar", contó Pablo Silva, un tarefero de otro barrio carenciado. Lo poco que consiguen con algún trabajito informal lo gastan en remedios para los chicos, que siempre necesitan.

Silva estaba orgulloso de haber podido comprar a unas de sus hijas un diccionario que era reclamado por la escuela. Lo muestra como un trofeo de esperanza.

En una pieza se acomodan el matrimonio Silva y sus seis hijos. Una pequeña huerta les da algo de sustento; por las ganas de salir de allí con entereza, el hombre se las rebusca mejor que otros vecinos. "Una casita nos vendría bien", cuenta al mirar las vigas de madera que sirven de hogar.

"Pedimos al gobierno que venga a conocer nuestra situación, necesitamos agua y luz, porque ni siquiera podemos hacer nebulizaciones a los chicos", relató Lidia Lovera, una de las delegadas del barrio Palomar.

En ese lugar ser jubilado es casi un privilegio por contar con un ingreso fijo. Hipólito Rodríguez con sus 80 años da lo poco que puede repartir de su propia pobreza para ayudar a una familia en una casilla cerca de la suya, donde hay tres menores que no pasan de los cinco años y que esperan solitos a su madre, que fue al hospital a llevar a su otro hijo enfermo de desnutrición crónica.

La burocracia levanta sus consolidados muros de asistencialismo alrededor de estos casos. El comedor recibe la partida de alimento preparado en una cocina centralizada municipal. Los vecinos se quejan porque la comida no es para todos; quedan afuera del mínimo reparto los hijos de familias que hacen changas o tienen un ingreso por plan social. Aquí dicen que no alcanza esa ayuda. La mirada interpelada por los ojos del niño también interpreta que no alcanza.

La propia vicegobernadora Sandra Giménez quedó espantada por los relatos de fallas burocráticas que recibió de madres desesperadas y asistentes sociales (sobre lo que se informa por separado).

En las ciudades de Oberá y de Apóstoles también la desnutrición desgarra a familias. Otros casos mortales se produjeron allí este año. El informe provincial apunta a más de 6000 chicos con problemas de bajo peso, una forma oficial de decir que se trata de pequeños que no están bien alimentados. Es un grupo en riesgo. Representan el número de la emergencia.

Importantes funcionarios provinciales que hablaron con La Nacion aceptaron que es angustiante la desnutrición, pero informaron que el programa Hambre Cero, lanzado este año por el gobernador Maurice Closs, busca vencer problemas sociales tan arraigados que llevará tiempo revertir.

Saben que nuevas muertes golpearán sus despachos. Piden tiempo para ver resultados y, mientras tanto, procuran mostrarse activos. Anteayer, camiones municipales empezaron a repartir colchones y camas entre familias que habían reclamado ayuda.

Fuente: lanacion.com

sábado, 24 de abril de 2010

El hambre aún mata a los niños


El 53 por ciento de los niños argentinos de hasta 12 años pertenece a un hogar con problemas para cubrir sus consumos mínimos de alimentación, vestimenta, salud y servicios básicos. Este dato del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina significa que en nuestro país hay 9 millones de niños con déficit alimentario o malnutrición. Buena parte de ellos sufren hambre y, según informó Juan Carr, de la Red Solidaria, por año suman casi 3000 los niños que mueren de hambre.

Al mismo tiempo que estremecen y debieran escandalizarnos, estas cifras dicen mucho sobre nuestra sociedad y sobre el fracaso de la dirigencia en un campo tan sensible como este.

Son cifras que, obviamente, obligan a actuar ahora para resolver este drama que tiene dos facetas. Por un lado, como dijimos, la inadmisible cantidad de chicos que fallecen por falta de alimento. Por el otro, las serias y múltiples consecuencias que acarrea una alimentación insuficiente, como el aumento de la morbilidad y la disminución del rendimiento escolar. Cuando el hambre no mata, condiciona seriamente el futuro de esos niños condenándolos a intentar sobrevivir en la sociedad o en sus márgenes en inferioridad de condiciones pues su desarrollo neuronal se ve interrumpido si a edad temprana no reciben los alimentos necesarios. Es decir, condenándolos a la postergación.

Si la muerte diaria de niños por hambre es intolerable en cualquier país, lo es aún más, si cabe, en la Argentina, que con sólo el 0,65 por ciento de la población mundial produce materia prima suficiente para abastecer a varias Argentinas.

Podrá discutirse cómo se llegó a este extremo que, además de avergonzarnos, nos duele. Podrán discutirse las razones de la persistencia de este drama a partir de la crisis de 2001-2002, pese a que desde entonces han mejorado otros parámetros de nuestra economía.

Lo que no puede discutirse es la necesidad de actuar ahora. Y en este sentido, toda la dirigencia está en deuda. En 2007, durante la presidencia de Néstor Kirchner, su gobierno asumió el compromiso ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de cumplir los denominados "Objetivos de Desarrollo del Milenio" establecidos por la ONU, por los cuales nuestro país debería "erradicar la indigencia y el hambre" y "reducir la pobreza de la población a menos del 20 por ciento y la indigencia al 0 por ciento" antes de 2015.

La negativa de sectores empresariales y sindicales a firmar junto con la Iglesia un documento sobre la pobreza y el miedo a hablar en público de este drama que vive el país es una muestra de que pocos van a invertir en un país en el cual un gobierno usa los resortes del poder para infundir miedo y falsear la realidad. Lo que ha hecho hasta ahora el Gobierno ha sido alterar perversa y maliciosamente los índices de inflación y los de pobreza e indigencia para ocultar esos tristes fenómenos.

Pero el hambre no se detiene ante los índices adulterados del Indec mediante una estafa que se vuelve cómplice y criminal al mismo tiempo, pues procura esconder una realidad intolerable y, al hacerlo, se exime el propio Gobierno de la obligación de mejorar esa realidad inocultable del hambre y la pobreza.

Para Juan Carr, los comedores que pertenecen a entidades no oficiales -sólo la mitad de ellos reciben subsidios estatales- no son la herramienta decisiva en la lucha contra el hambre. En la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, Carr coordina el Centro de Lucha contra el Hambre, cuya labor principal consiste en crear huertas y granjas en las zonas con alto nivel de desnutrición infantil. Ya existen 550 mil huertas en la Argentina dentro del programa Pro Huerta del INTA y en muchas interactúan Cáritas y Tzedaká.

Carr considera que podrían hacerse 900 mil huertas más y llegar a su objetivo principal: reducir a la mitad el número de hambrientos en 2016 y llegar al hambre cero en 2020.

Son dos formas de encarar esta triste realidad. La que la combate con la verdad, y la que la oculta sabiendo, en definitiva, que su existencia es una afrenta para todos los argentinos sin excepción.
Fuente: lanacion.com

sábado, 15 de agosto de 2009

Hambre en las provincias


POSADAS- El Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, está retrasado en más de dos meses en la remisión de fondos que debe recibir Misiones, correspondientes al programa "El hambre más urgente". No obstante, los proveedores locales que abastecen de alimentos a los comedores comunitarios que funcionan en esta provincia, aguardan que el Gobierno les pague en tiempo y forma, "aguantando como pueden", según integrantes del sector. En rigor, los aportes se distribuuyen aquí a través del Ministerio de la Producción, en forma desordeanada. Los alimentos no alcanzan a cubrir las necesidades de una población que aumenta en forma permanente, su número de indigentes, especialmente niños y ancianos.

Las vacaciones escolares -que se extendieron hasta el 3 de agosto debido al riesgo que todavía implica la gripe H1N1- obligaron a cerrar los comedores que funcionan en las escuelas, pero muchos padres y vecinos trabajaron para seguir alimentando a centenares de chicos y vecinos empobrecidos.

César Sánchez Bonifato
Corresponsal Misiones

Gran Buenos Aires

LA PLATA.- El 28 por ciento de los niños bonaerenses de menos de dos años está malnutrido. De ese total, el 15% presentó una talla menor de la considerada normal para su edad, mientras que el 13% restante padece exceso de peso.

Ser más pequeño o más gordo en ese tramo de la vida indica que la nutrición falla, ya sea porque faltan elementos nutritivos esenciales o porque comen mal.

Los datos, compilados en un estudio realizado por el Programa Materno Infantil del Ministerio de Salud provincial, preocupan a las autoridades bonaerenses y a los médicos, pues, básicamente, revelan que hay factores sociales vinculados con un contexto desfavorable para el desarrollo de los niños. En todos los casos -obesidad, talla corta, bajo peso-, lo considerado "esperable" es un nivel de 2,3 por ciento del total de los casos.

En el estudio, al que tuvo acceso LA NACION, se observa un descenso en los casos graves de desnutrición respecto de mediciones anteriores. Sin embargo, el hecho de que persistan problemas de bajo peso en el 2,7% de los casos relevados implica que se está casi en el mismo registro que el tomado durante la profunda crisis de 2002, cuando ese valor fue de 2,8 por ciento.

Se trata de una encuesta antropométrica realizada en centros sanitarios estatales en marzo pasado, sobre una muestra de 15.618 chicos de hasta dos años, en 103 de los 134 municipios de la provincia de Buenos Aires.

En 1995 y en 2002, el Ministerio de Salud provincial había realizado relevamientos equivalentes que ahora cotejó con los últimos guarismos obtenidos al seguir tablas de medición del crecimiento utilizadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En 1995, el 16,2% de los chicos testeados presentaban baja talla; en 2002, ese resultado alcanzó el 17%; ahora es del 14,7%. Respecto de los casos de obesidad, en 1995 alcanzaron el 12,4%; en 2002, bajó al 10,9% y en el actual estudio subió al 12,8 por ciento. El bajo peso, en tanto, afecta en la actualidad al 2,7% de los niños menores de dos años; en 1995, afectaba al 3,6 por ciento.

Del trabajo surge que los lugares donde los problemas nutricionales son mayores son las denominadas regiones sanitarias VII y XI. La primera de ellas, en pleno conurbano y abarca distritos populosos, como Tres de Febrero, Hurlingham, Ituzaingó, Morón, Merlo y Moreno. En tanto, la región XI está integrada por esta capital provincial, San Vicente, Presidente Perón, Ensenada, Berisso, Cañuelas, Magdalena, Chascomús, y Dolores, entre otros.

Pablo Morosi
Corresponsal en La Plata

Santa Fe

SANTA FE.- Esta provincia no es la excepción en el panorama nacional sobre pobreza, indigencia y desnutrición. Todo lo contrario: va camino a convertirse en el eslabón más pesado del interior del país. "Esto va cada vez peor. De un relevamiento que estamos concluyendo, podemos advertir que de 5 mil chicos testeados, el 38% (1.900) padecen desnutrición", confió a este diario el padre Atilio Rosso, líder del Movimiento "Los sin techo", de consistente participación en la comunidad local.

Según datos oficiales, la tasa de pobreza en el Gran Santa Fe es de 15,2% y la de indigencia el 5,8%. En ambos casos superan la media nacional (15,3% y 4,4%, respectivamente). Los antecedentes no son menos benévolos con el Gran Rosario. Allí, la pobreza alcanzaba a comienzos de año el 13,7% y la indigencia al 6,6%, contra el 13,6% y el 4,9%, de 2007.

Del relevamiento efectuado por "Los sin techo" en los últimos meses en esta capital y los distritos de Rincón, Colastiné, Santo Tomé y Monte Vera (conglomerado Gran Santa Fe), se puede inferir que cada día 33 niños ingresan a la indigencia; esto es más de uno por hora, o sea, 1.000 por mes. Otro dato permite dimensionar el problema: el crecimiento de los niños indigentes es cuatro veces mayor que la cantidad de niños que nacen en los barrios periféricos.

"La gravedad de la situación no es nueva, pero estos datos pueden ser una ocasión para que el problema sea visto en su real magnitud y pase a constituir un problema de Estado", añadió el padre Rosso.

Según los antecedentes, la ciudad tiene 119.999 menores de 14 años; el 32% (38.080) de ellos son indigentes y el 30% (35.700) son pobres.

El propio gobernador, el socialista Hermes Binner, se ocupó del tema. "La pobreza es una cuenta pendiente, que va creciendo y no sabemos cómo resolver, ni siquiera éticamente. Tenemos una producción de alimentos que pueden darle de comer a 100 millones de habitantes y muchos argentinos que no tienen qué comer. Esto hay que corregirlo", enfatizó.

Entretanto, el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, opinó: "Hay una responsabilidad pública y política como responsables del orden justo y del bien común. Pero a pesar de esto, el gran debate de la provincia, que es la pobreza, siguió por otros carriles", subrayó.

José Bordón
Corresponsal en Santa Fe

Salta

SALTA.- La pobreza golpea a sectores de la población y muchas familias no tienen los recursos suficientes para alimentarse. Las soluciones son de largo plazo pero las medidas se toman a partir de tiempos electorales y eso conspira contra cualquier programa serio de recuperación nutricional que tiene que ver con muchos factores, incluso culturales, opinaron varios de los entrevistados.

Por el asistencialismo hay niños que nunca vieron trabajar a sus padres pero si recibir bolsones y ayudas sociales, lo que es una bomba de tiempo porque las demandas crecerán, señalaron a La Nación, Alejandra Roldán y Milagros Fernández de la ONG Programas Sociales Comunitarios que preside la ingeniera Adriana Pérez, agregando que a la pobreza estructural que se agravó se suma ahora la coyuntural por la pérdida de ingresos de la clase media y muchos mandan sus hijos a comedores para poder llegar a fin de mes, provocando disgregación del vínculo familiar.

La diputada provincial Cristina Lobo (PJ-Capital), licenciada en nutrición y el doctor Carlos Ubeira, director del Centro Nacional de Investigaciones Nutricionales, coincidieron en que hay malnutrición y obesidad, lo que genera un problema adicional.

Para la legisladora es necesario diferenciar los índices de pobreza e indigencia ya que en zonas como Rivadavia en el Chaco Salteño son mucho más altos que en Capital. Consideró que deben concentrarse los esfuerzos en los niños y esto exige atender a las embarazadas a tiempo y aquí surge otra dificultad, el 22% son adolescentes de modo que han de nutrirse a si misma y al bebé, y luego hacer el seguimiento de las criaturas, poco más de un 20% tiene menos de dos kilos y medio al nacer. Aludió a múltiples factores endógenos y exógenos que influyen y a la necesidad de complementación de todas las áreas.

Se observa en la provincia un descenso de la desnutrición infantil de hasta un año del 13,60% en el 2003, al 7,20% en el 2007 y al 6,20% en el 2008, señaló el subsecretario de Salud, Alejandro Gravanago y para niños de uno a seis años en el 2007 fue del 13% y en el 2008 del 12%, baja de un punto en la actual gestión. Aclaró que los datos para niños de1a 6 años eran menores en el 2003, del 8%, pero con tablas distintas a las nacionales adoptadas en el 2007.

El Ministerio de Desarrollo Humano entrega mensualmente a 76.550 familias entre 50 y 120 pesos según el número de hijos en tarjetas magnéticas o tickets para compra en comercios, mínimo que se aumentará en setiembre a $65 y el máximo a $130, informó la subsecretaria de Abordaje Territorial, Ana Vega de Terrone. Se distribuyen además por mes 40.000 kits alimentarios para niños de seis meses a seis años; 10.000 módulos alimentarios a embarazadas; harina e insumos en el plan pan casero para 32.880 mujeres; se atienden 174 comedores infantiles donde concurren 15.333 niños y se provee alimentos para unos 500 pacientes de tuberculosis y 450 celíacos, los de éstos son caros y difícil de conseguir y hay tres personas cubiertas en Rivadavia Banda Sur, alejada localidad del chaco salteño. Se hace con aportes provinciales y nacionales y colaboran agentes sanitarios que van casa por casa periódicamente con asistencia nutricional, educación sanitaria y alimentaria, control de embarazadas y derivación de enfermos.

Carlos F. Pastrana
Corresponsal en Salta

Santa Cruz

RIO GALLEGOS.- Si bien el último índice de desocupación en esta ciudad indica el 2,65% según las cifras del INDEC, poco dice de muchas necesidades que se viven en Santa Cruz. Muchos sufren por los salarios que no llegan a tiempo o que no responden a las necesidades básicas de la canasta familiar que ronda los 6000 pesos, muy lejos de un salario básico. A la falta de un trabajo estable, y de una vivienda digna como problemas acuciantes en Santa Cruz, en los últimos tiempos se duplicó la asistencia de alimentos a personas que se acercan a los comedores parroquiales con una frase que se repite, "no tengo nada".

"Monseñor Miguel Angel Alemán decía que "vivimos tiempos difíciles". Hoy podemos decir lo mismo. Hemos tomado conciencia que no hay democracia estable sin una sana economía y una justa distribución de los bienes. Se ve la urgencia de generar fuentes de trabajo dignas y estables y la necesidad de recobrar la auténtica cultura de la laboriosidad", asegura a LA NACION el padre Obispo, Juan Carlos Romanín, titular de la diócesis de Río Gallegos que abarca, Santa Cruz, Tierra del Fuego e Islas Malvinas.

El hambre no aparece como el primer tema de agenda, pero no por ello deja de haber una fuerte asistencia del estado y de la sociedad civil para asistir a parte de la población. Para Romanín, quien recorre incansablemente las dos provincias y tiene una radiografía actualizada de la situación social , "los problemas más salientes en estos momentos en los sectores más vulnerables, son la incertidumbre laboral y la falta de vivienda digna. Se dan también otros, como la contaminación ambiental, la trata y tráfico de personas, pibes solos y abandonados sin suficientes centros de atención, problemas con los jubilados, hospitales con pocos profesionales".

Desde la Iglesia Cristiana aseguran que en los comedores parroquiales ha aumentado la cantidad de personas que se acercan a pedir alimentos. En Río Gallegos funciona un comedor en la capilla María de Nazareth. Situación que se repite en las ciudades más importantes de la provincia. En especial en las localidades de la zona norte santacruceña, la primera parada de los migrantes nacionales y extranjeros que recorren el país en busca de un futuro mejor.

Desde finales del 2007 en Río Gallegos se han formado asentamientos en predios fiscales sin luz ni agua, que fueron ocupados por familias que llegaron desde otras partes del país y por personas de la ciudad que ya no pudieron afrontar los altos costos de un alquiler. Según datos de la Secretaría de Tierras y Viviendas de la CTA cerca de 300 familias viven en los tres asentamientos de casitas precarias, que apenas pueden hacer frente a las bajas temperaturas durante el invierno. Por el gran nivel de precariedad, se han incendiado varias de estas viviendas.

"Muchas veces las necesidades básicas son desde el alimento, la indumentaria, la atención primaria de la salud, y el trato discriminatorio que sufren muchas de estas personas", aseguran miembros de la Secretaría de Tierras y Viviendas de la CTA que asisten en forma permanente a las familias de los asentamientos. "Los ayudamos a organizarse, y demostrarles que aún hay esperanzas, devolviéndoles la fe de tener una vida mejor, de obtener respeto y dignidad, más allá de su situación temporaria, organizarlos en la autogestión, cooperativas y consensuar un objetivo en común, primero conseguir un terreno y luego los servicios", explican desde la CTA.

Quienes viven en los asentamientos algunos tienen trabajos otros no, suelen recibir ayuda de grupos estudiantiles y también de la Pastoral Social Migratoria quienes los asisten a la hora de conseguir documentos cuando se trata de extranjeros. Y muchas veces una palabra amiga ayuda también a calentar el corazón en medio de la hostilidad invernal patagónica.

Desde el Ministerio de Asuntos Sociales se lleva adelante un programa de Seguridad Alimentaria tratando de hacer frente a las situaciones mas extremas con el objetivo de fortalecer las estrategias de prevención y promoción para superar las necesidades alimentarias nutricionales. El Programa de Seguridad Alimentaria presenta dos abordajes, los niños menores de 14 años, desnutridos, discapacitados y adultos mayores de 70 años. En las escuelas de toda la provincia están habilitados también los comedores escolares cuyos beneficiados son los niños de hasta 13 años de familias con vulnerabilidad social. Y también el programa conocido como Copa de Leche.

Mariela Arias
Corresponsal en Santa Cruz

Mendoza

MENDOZA- El gobierno y las ONG locales coinciden en que la curva de la pobreza tuvo un fuerte salto en los últimos meses y las causas siguen siendo las mismas: desempleo, falta de políticas públicas eficaces y déficit educativo de las familias más postergadas.

El ministerio Desarrollo Social reconoció que los índices de pobreza e indigencia de la provincia se duplicaron en los últimos dos años: El primero trepó del 12,6% al actual 25% y el segundo del 4,7% al 10%.

Esa realidad se refleja en un aumento de la demanda de asistencia social tanto al Estado mendocino como a las organizaciones de la sociedad civil que mantienen comedores.

El diagnóstico de la Cooperadora para la Nutrición Infantil (CONIN) es categórico: "La desnutrición creció porque ha aumentado la pobreza y el conocimiento de la gente sobre la desnutrición".

Detrás de esta situación el analfabetismo de las familias aparece como un factor que impide salir de la desnutrición como lo es el desempleo y subempleo, agrega la organización.

Conin advirtió que en el ámbito provincial como nacional faltan "políticas de estado para prevenir la desnutrición que se mantengan en el tiempo".

La Fundación Banco de Alimentos hizo una comprobación similar. En sus 7 años de vida incrementó de 9.000 a 12.000 la cantidad de beneficiarios de los cuales el 60% son niños. Las entidades que gestionan comedores subieron de 45 a 56.

Conciente de que se debe abordar las carencias educativas, realiza un programa de educación nutricional para cocineras y madres de niños beneficiados.

Sergio Dimaría
Correponsal en Mendoza

Fuente: lanacion.com

¿Cómo reducir el hambre?


Las palabras del papa Benedicto XVI, que se difundieron hace pocos días, constituyeron la síntesis perfecta de una situación que viene agravándose en nuestro país desde hace décadas. "El escándalo de la pobreza en la Argentina", sin embargo, no debe sorprendernos ni desanimarnos, porque son también muchos los argentinos que están, desde su lugar, aunando esfuerzos para combatir este flagelo social y su consecuencia más directa: el hambre.

Se creyó que el hambre y la pobreza habían retrocedido, coincidentemente con los años de mayor prosperidad del país, desde 2003 hasta 2008, pero no es así y de eso pueden dar testimonio las ONG que dan de comer todos los días a miles de familias que se acercan hasta sus comedores, y que cada vez son más.

A esta realidad desgarradora se agregan, para mayor dolor, las acechanzas de las epidemias, como la de gripe A y la de dengue -aquellos que no tienen sus necesidades básicas satisfechas son víctimas fáciles de todo tipo de enfermedad- y el drama de la desnutrición, en particular el de la desnutrición infantil, que en algunas provincias del Norte se está volviendo estructural.

¿Cómo reducir entonces el dolor, la pobreza y el hambre de una parte importante de la población? Es evidente que los esfuerzos que, por separado, puedan hacer muchas instituciones privadas no serán en vano, pero sí insuficientes. Nadie puede reemplazar al Estado en sus funciones indelegables de velar por el bien común. Empero, la unión de todos esos esfuerzos puede acercarse un poco más a la solución.

Por eso debe alentarse la idea de estudiar la posibilidad de unificar, en un programa alimentario, las numerosas iniciativas que se llevan adelante en la lucha contra la desnutrición y el hambre en todo el país. Esa propuesta, que contempla una primera fase en el corto plazo (los próximos dieciocho meses), y otras dos etapas posteriores, hasta 2016 y 2020, respectivamente, la llevan adelante, como se explicita en la nota de tapa de este suplemento, la Red Solidaria; el Centro de Lucha contra el Hambre de la Facultad de Veterinaria; la Red Argentina de Bancos de Alimentos; Cáritas, y el programa Pro Huerta del INTA, por ejemplo. Se trata, en las palabras siempre precisas del fundador de Red Solidaria, Juan Carr, de "profesionalizar" esa lucha contra el hambre.

Y se trata de unificar, reunir, juntar, acordar y dialogar, y también de saber qué está haciendo cada uno y qué podemos hacer todos juntos. Hay solidaridad entre los argentinos, y se ha demostrado largamente, pero ahora ha llegado el momento de que esa solidaridad dure en el tiempo y se transforme en compromiso con los otros. Un compromiso íntimo y fraternal, del que deberá participar toda la comunidad, porque no será fácil erradicar el hambre en la Argentina, mal que nos pese, pero debe intentarse y conseguirse.

Bancos de alimentos, al límite

"Los datos más alarmantes son los que llegan del NEA y después, obviamente, de los conurbanos de las grandes ciudades, como Buenos Aires. Cuando viene el frío se agrava toda la situación. La alimentación es tan básica para poder hacer cualquier otra cosa. Si eso no lo tenés bien cubierto, poder construir el resto es muy complicado", dice Alfredo Kasdorf, presidente de la Red Argentina de Banco de Alimentos, que en 2008 distribuyó 4,5 millones de kilos de alimentos entre mil organizaciones. Como casi un 60% de las organizaciones han visto reducidos sus recursos, apuntan en 2009 a mantener la cifra distribuida el año último.

Si bien no son los únicos que trabajan repartiendo alimentos -y hay que reconocer a todos los que conforman la trama de admirables que están en la trinchera de la lucha contra el hambre-, lo hacen de manera federal, ya que están presentes en Buenos Aires, Córdoba, Goya, Jujuy, La Plata, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Salta, Tandil, Tucumán, Valle de Uco y Virasoro.

Su metodología es bastante simple y a la vez muy efectiva. Reciben donaciones de productos de empresas que por algún problema de etiquetado o envasado no pueden ser comercializados, pero que están aptos para el consumo, los almacenan, clasifican y luego distribuyen entre las organizaciones beneficiarias (comedores, hogares de niños, hogares de ancianos, comedores escolares, etcétera).

"Los que asisten a los comedores son niños y lo que nos han comentado es que, ahora, son cada vez más los adultos que se han sumado. Esto quiere decir que han perdido su changa y no tienen más alternativa que ir a un comedor", agrega Kasdorf.

Desde la entidad están buscando nuevas alternativas de alianzas para poder conseguir más alimentos. Por eso se están asociando con productores de frutas y hortalizas de San Pedro, Mendoza y con los Mercados de Abasto. "También seguimos trabajando en la creación de nuevos bancos de alimentos en Rosario, Santa Fe o zonas donde hay mucha desnutrición como Chaco o Santiago del Estero", dice Kasdorf.

Las empresas, eslabón fundamental de este círculo solidario, afirman que los pedidos de alimentos que están recibiendo se asemejan al pico que tuvieron en 2003.

"Cuando la economía estaba un poco mejor, nosotros habíamos ajustado bastante nuestros volúmenes de producción en cuanto a pronósticos, así que lo que había para donar era bastante poco en relación con lo que veníamos donando. Con esta crisis que se nos vino encima nos sobraba producción y nos costaba incluso poder gestionarla para que los propios comedores pudieran aprovecharla", explica Pedro López Matheu, director de asuntos corporativos y gubernamentales de Kraft Foods, que este año lleva más de 400 toneladas donadas en el Banco de Alimentos de Buenos Aires.

A su vez, López Matheu destaca el sistema de trazabilidad que posee el Banco de Medicamentos, que es lo que a ellos les permite saber adónde va cada producto que donan, de qué manera son tratados y su logística. "Las compañías nunca podrían ser tan efectivas en la distribución a las ONG sociales, sin la logística que ellas tienen", desliza.

A pesar del veto del artículo de la ley del buen samaritano que eximía a las empresas de la responsabilidad de los alimentos que donaba, son cientas las compañías que igual apuestan por este sistema y ponen a disposición sus productos. "Creo que hay un nuevo proyecto de ley que busca restablecer este artículo. Si lo consiguen hay muchas compañías que manejan alimentos frescos que podrían engrosar los depósitos del banco de alimentos", aclara López Matheu.

Desde su mirada empresaria ven que cada vez más gente está atravesando el umbral de la pobreza y se transforma en un excluido estructural. "Son personas que van saliendo del sistema y ven menguadas sus posibilidades de reingresar y acceder a una alimentación adecuada."

Buenos Aires

El conurbano bonaerense se caracteriza por ser una de las zonas más afectadas por la pobreza y, por ende, la emergencia alimentaria. Allí es donde pone el foco el Banco de Alimentos de Buenos Aires, que también atiende a entidades de Capital Federal y reparte 250.000 kilos mensuales. Cerca de 480 comedores están acostumbrados a funcionar, gracias a los insumos que reciben del banco, beneficiando a más de 73.000 personas.

"Tenemos 300 organizaciones en lista de espera cuando a principio de año eran 250. Además, los que ayudamos tienen mucha más demanda. Hasta julio estuvimos recibiendo varias donaciones de alimentos porque por la crisis, las empresas tuvieron excedentes de producción, vendieron menos y nos donaron más. Tememos por esta segunda mitad del año, porque las empresas ajustaron su producción", dice Lorena Orellana, responsable de Comunicación Institucional de la entidad.

Los alimentos más pedidos son leche, fideos, arroz, frutas y verduras, azúcar y aceite. Como tienen cámara frigorífica, también pueden almacenar y distribuir carnes y lácteos.

La mayoría no tiene transporte y se les complica contratar un flete para venir a retirar los alimentos.

"En los últimos dos años vemos un aumento paulatino de la demanda de alimentos. Los comedores que nosotros abastecemos tienen como principal problema que les ha crecido el número de bocas para alimentar. La mayoría de las personas que van a los comedores son chicos, y ahora también están yendo las madres y los padres a comer", explica Alan Manoukian, director ejecutivo del banco, que en este momento está preocupado por el financiamiento de los comedores. "Gracias a la ayuda que nosotros podemos darles, algunos han podido mejorar su infraestructura o extender su oferta de servicios, como talleres o apoyo escolar", concluye.


Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina