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martes, 7 de enero de 2014

Ideal para el verano: guía práctica para acompañar quesos con espumantes

Cuando hablamos de espumantes tenemos que considerar, antes que nada, que por regla general se trata de un vino al que se lo ha hecho pasar por un segundo proceso de fermentación que le otorga las sutiles burbujas características. 

Los más clásicos son aquellos elaborados a partir de los varietales Pinot Noir y Chardonnay, aunque la oferta actual abarque prácticamente a todas las variedades.

En nuestro país, el vino ha recorrido un camino similar al del queso. Los orígenes de su producción y de las diferentes variedades se encuentran en Europa, pero una vez adoptados en nuestro suelo han sufrido transformaciones que tienen la impronta del terruño, de las materias primas y de la elaboración local. Es decir, han ido adoptando un carácter específico.

En el caso de los vinos, el estilo singular y con notas más acentuadas de los vinos tintos, ha hecho que su combinación con las diferentes variedades de queso sea más compleja que en el caso de los vinos blancos que, con su mayor suavidad, abrazan con más facilidad todo tipo de quesos.

Es así que casar quesos con vinos blancos es una tarea menos ardua.

Partiendo de este punto entonces, y corriendo con la ventaja de que siempre hay un queso que funciona bien con las variedades blancas, podemosestablecer una guía apoyándonos en el grado de azúcar que contiene el espumante a maridar.

Durante la segunda fermentación, a partir de la cual se producirán las burbujas propias de este tipo de vino, se hace un agregado de vino blanco, levaduras y azúcares.

Según la cantidad de azúcar que se agrega en este proceso, se obtendrán distintas clases de espumante: 

• El más seco de todos, es decir, el que contiene menos azúcares, es el Nature. Para un espumante de este tipo podemos pensar en acompañar con un queso de carácter como el Trebolgiano, con su mezcla intensa pero equilibrada entre dulce, salado, picante y tostado y sus notas especiadas y picantes en nariz.
• Un espumante Extra Brut, que contiene hasta 6 gs. de azúcar por litro, puede combinar su toque ácido con un queso más neutro, al estilo del Gouda, de pasta semidura, medianamente salado y con un sabor láctico suave y agradable.
• En el caso de un espumante Brut, con hasta 12 gs. de azúcar por litro, podemos acompañarlo con galletitas con quesos untables y hierbas o algún ahumado que aporte algo de intensidad.
• Para un espumante del estilo Sec (o Seco), que son los que tienen entre 17 y 32 gs. de azúcar por litro, el queso Sardo o un Reggianito en forma de finas láminas integradas en una ensalada de hojas verdes, que actúan como notas de sabor ligeramente picante y con rezagos de sabores dulces y ácidos y aroma afrutado, es una muy buena opción.
• El Demi Sec o Semiseco, ya con más niveles de azúcares, puede lograr un contraste interesante con un queso como
el Maasdam, que aporta picor y una consistencia untuosa.
• Finalmente, podemos hablar de los espumantes dulces, que tienen más de 50 gs. de azúcar por litro y que hoy se encuentran tan en boga para ser consumidos en diferentes ocasiones; su socio indiscutido es el Blue Cheese, un queso complejo y fuerte que requiere ser balanceado.
• Por último, aconsejamos descartar algunas combinaciones con terceros productos que puedan alterar la armonía entre el vino espumante y los quesos que seleccionemos: ajo, vinagretas u otros sabores demasiado invasivos o muy
ácidos pueden romper la armonía buscada.
• Para terminar, hay que recordar que, en términos generales, los espumantes son vinos suaves y que las burbujas tienen un efecto algo atrevido y delicado que ayudan a disfrutar, y es por eso que se lo asocia a los momentos de celebración y elegancia.

(*) Por el cheeselier iLoLay - Exclusivo para Vinos & Bodegas iProfesional - vinosybodegas@iprofesional.com

Fuente: iprofesional.com

miércoles, 28 de octubre de 2009

Historia del Queso


Dos de nuestros patrimonios culturales gastronómicos más ricos del mundo son el queso y el jamón. Pero quisiéramos hablar del queso en particular.

No se sabe exactamente dónde ni cómo comenzó la elaboración del primer queso, pero hay muchas historias y leyendas sobre el origen del mismo.

Si recorremos un poco la historia del queso, vemos que según la mitología griega, fueron los Dioses del Olimpo quienes enseñaron a los humanos a elaborar el queso, pero esto no se sostiene para nada. Algo más verosímil es la leyenda árabe en la que nos dice que un pastor nómada se quedó sin recipiente para transportar la leche, entonces se le ocurrió matar un cabrito y utilizar su estómago como odre.

A consecuencia del calor durante el camino de vuelta, la leche se tornó sólida y de esta manera aprendieron a elaborar queso. Sea como fuere, se aprendió a elaborar queso y así nosotros disfrutamos de este manjar.

Ya los romanos, eran unos grandes consumidores de queso, su tendencia hacia el queso de cabra era notoria, incluso se condimentaban con especias o pimienta. Ellos fueron entonces los culpables de la expansión de las técnicas de elaboración del queso.

En el siglo XX el sector quesero experimentó una notable modernización gracias a los descubrimientos en el campo de la bacteriología, la química y la técnica, pero hay que destacar que el toque artesanal hoy en día no se ha perdido.

España es protagonista a nivel mundial dentro del mundo del queso. Cuenta España con 14 Denominaciones de Origen dentro de la Unión Europea, y que siga…

viernes, 23 de octubre de 2009

El matrimonio entre el queso y la cerveza gana adeptos


Por Davide Berretta
BRA, Italia—Tras luchar por un lugar entre las bebidas consideradas gourmet, la cerveza busca avanzar en un terreno que solía pertenecerle sólo a los vinos: al lado de la bandeja de quesos.

"Algunos quesos son considerados verdaderas joyas. Y, por ahora, el vino sigue siendo visto como el compañero más prestigioso", dice Leonardo Di Vincenzo, propietario de Birra del Borgo, una joven cervecera artesanal que hace poco empezó a exportar a Estados Unidos y otros países. Pero después de que las personas prueban la cerveza con queso, dice, "se sorprenden de lo bien que saben juntos".

La combinación es una antigua tradición en la culinaria belga, pero en los últimos años, la mezcla de cerveza y queso se ha ganado un lugar incluso en Italia, un país obsesionado con el vino y donde la cerveza es relegada a los ambientes más informales. Asimismo, en Nueva York, templos de la cerveza gourmet como Beer Table, servir un plato de quesos con cervezas de US$10 ya no asombra a nadie.

Para las cerveceras, la unión con el queso es parte de una campaña para mostrar que la cerveza no es sólo una bebida alcohólica cualquiera asociada a las fiestas estudiantiles y bares deportivos, y que puede ser tan sofisticada como un Bordeaux. La idea es "elevar su estatus al mismo nivel del vino", dice Marc Stroobandt, un sommelier maestro cervecero y consultor de F&B Partnership, una empresa británica que capacita a los propietarios de restaurantes en la mejor forma de combinar la cerveza con la comida. Stroobandt dice que percibe "mucho interés en probar" con la combinación de cerveza y quesos en toda Europa y EE.UU.

Slow Food, una organización sin fines de lucro que organiza de manera bienal una feria internacional de quesos, por ejemplo, apoya con su prestigio la unión entre el queso y la cerveza. La feria de este año, Cheese 2009, realizada recientemente en Piedmont, en el norte italiano colindante con otro gigante de los quesos —Francia—, abrió las puertas al matrimonio inusual. Los amantes del queso y productores de todo el mundo que participaron del evento pudieron probar decenas de variedades combinadas con cerveza, además del vino tradicional.

Alberto Farinasso, coordinador de la feria, dice que Slow Food está dispuesta a dar más atención a las cerveceras artesanales y ha elevado la cerveza al papel de socio consumado del queso. En ediciones anteriores de la feria, la presencia de la cerveza era mínima, y el vino era considerado el compañero inseparable del queso.

Este año, el programa de la feria y la multitud que se concentró en los stands de cerveza dejaron claro que la bebida ya no es una actriz secundaria. De los 37 seminarios de degustación, seis fueron dedicados a la combinación de cerveza y queso. Una sección de la feria que vendía cervezas artesanales tuvo que cerrar antes de lo programado porque se quedó sin suministro para vender.

Di Vincenzo, quien condujo dos seminarios sobre cerveza, dice que la combinación entre queso y cerveza es algo natural, "como el pan y el queso. La cerveza es un poco como un pan líquido".

"El toque amargo del lúpulo tiene un efecto de descremar que purifica el paladar de la grasa" de los quesos, explica.

Sin embargo, hay algunos que no se convencen, especialmente en Francia.

"¿Ha visto alguna vez a alguien tomando cerveza en Bordeaux?", pregunta Emeric Sauty de Chalon, presidente de 1855, la mayor tienda en línea de vinos en Francia. Sauty de Chalon concuerda con que los quesos de sabor más fuerte no combinan bien con algunos tipos de vino tinto, pero no cree que la cerveza sea la mejor alternativa.

"Con algunos quesos de baja calidad, quizás", dice. "Pero con los quesos de más alta calidad de Italia y Francia, no lo recomendaría".

domingo, 27 de septiembre de 2009

Consejos de consumo y conservacion de los quesos


Consejos de Consumo
Los quesos deben consumirse de menor a mayor intensidad de sabor.

Cada tipo de queso se corta y presenta de diferente manera, por ejemplo los curados se cortan en forma de cuña y después de forma triangular, en cambio los duros se rallan, se desmenuzan. Los queso de poco volumen o untables se presentan enteros. El queso de cabrales combina bien con pan rústico y vino tinto del país. Los quesos cremosos se presentan en rebanadas tipo canapé o bien se untan.

Algunos quesos se utilizan incluso para cocinar, por ejemplo un queso de oveja curado rallado sobre algún plato. Los quesos de oveja y los azules mezclados con nata líquida se convierten en excelentes salsas para carnes y pescado azul. Los quesos cremosos son un complemento para un buen plato de verduras, una ensalada o incluso unos canapés. Los quesos frescos son un buen complemento para un postre o incluso algo dulce, como confituras o mermeladas. Los acompañantes idóneos para el queso son el pan, de cualquier clase, e incluso los patés. También los frutos secos como las nueces, almendras o avellanas y frutas que no sean demasiado dulces. Los quesos de oveja mantecosos van bien acompañados de uvas. Para los quesos frescos como para los azules la miel realza y pronuncia su sabor. Los quesos deben conservarse en una bodega, casa, o incluso un sótano fresco y ventilado puesto que ofrece unas buenas condiciones de temperatura y de humedad y así su consumo será óptimo.

Consejos de Conservación

El queso recién comprado o sobrante se recomienda conservarlo en lugar fresco y seco, por ejemplo, en el frigorífico.

-Se recomienda no congelar.

-Para conservarlo lo mejor es envolverlo en plástico, pero no demasiado apretado. El papel resecaría demasiado el queso, y el plástico demasiado apretado lo recalienta, provocando incluso la aparición temprana de moho.

-El método mas recomendado para conservar el queso es el tupperware, donde no solo se conserva sin tocar demasiado el plástico sino que además se mantiene aislado de otras comidas y por tanto de posibles contaminaciones en el sabor.

-Si el queso desarrolla algo de moho, límpielo con cuidado antes de servir. El resto del queso sigue siendo perfectamente comestible.

-Dependiendo del tipo de queso, el tiempo de conservación varía, menor para los quesos menos curados. Bien conservado, en cualquier caso, todos los quesos pueden durar meses en el frigorífico.

-Antes de servir, se recomienda dejar que el queso vuelva a la temperatura ambiente.

El queso y la salud


Todos los tipos de queso aportan a nuestra dieta un gran valor nutritivo. El ser humano puede vivir sin sufrir enfermedades causadas por carencias vitamínicas consumiendo únicamente queso, pan y fruta, puesto que el conjunto de estas tres llevan las vitaminas, sales minerales y proteínas necesarias para vivir. Según pasa el tiempo el queso aumenta su aportación de calorías y mejora su calidad bacteriológica.

El queso también contiene la proporción adecuada de ácidos grasos. Es un alimento fácilmente digerible a su vez. El conjunto de moho, bacterias que confiere puede actuar de forma favorable en nuestra flora intestinal.

El queso combinado con pan se convierte en una dieta equilibrada para nuestra salud porque se complementan, el primero con las proteínas y los lípidos y el segundo con los hidratos de carbono. Es un gran alimento a cualquier edad. Los quesos frescos por su alto contenido en agua son más adecuados para una dieta con inferior número de calorías que uno semicurado o ya curado.

martes, 1 de septiembre de 2009

¿Como se descubrio el queso?


El descubrimiento del queso se le atribuye a un desconocido nómada que, viajando por el desierto del Medio Oriente, llenó sus bolsas de cuero, de leche, luego de varias horas de sol, descubrio que la leche se le habia convertido en un masa blanquecina y sólida .

Su bolsa de cuero animal , el calor, y el movimiento del camello fueron los ingredientes básicos que se necesitan para hacer el queso.

Las primeras personas que fabricaron el queso vivieron en el medio Oriente hace mas de 4.000 años. En sus inicios , la importancia del que si dependia de si era capaz de mantenerse fresco largo tiempo.

Los quesos se agrupan deacuerdo con su dureza o suavidad. Sus cuatro tipos principales son ; suave, semisuave, duro y muy duro. Los mas suaves contienen mas humedad que los otros , pero los mas duros son los que se conservan mejor.

Hoy dia existen mas de 4.000 tipos de queso en el mundo.

Los huecos que tienen algunos quesos se llaman “ojos” y son burbujas causadas por los gases que liberan las bacterias que contiene el queso Aunque el queso desarrolle moho , puede comerse, solo debes quitarle al queso alrederor de 1/2cm de su corteza exteriror.

Los antiguos romanos eran experimentados productores de queso.Algunas hasta tenian en sus casas cuartos especiales dedicados a la producción del queso.

lunes, 16 de febrero de 2009

Antes del final

Los franceses suelen servir quesos antes del postre. Maridados con vinos tintos, untuosos e intensos, son infaltables en la mesa bleu, blanc, rouge.

Las latitudes del mundo ofrecen una multiplicidad de características emblemáticas, prácticas concretas y variaciones culturales que les dan la identidad y las hacen reconocibles frente a las demás regiones del planeta. Cada país guarda su propio reservorio de maneras de comer, que se articula con ceremonias gastronómicas puntuales, tradiciones ancestrales y costumbres emergentes que se adaptan a los nuevos tiempos. Basta con visitar la mesa de cualquier país para tener una aproximación a la vida de sus comensales. La comida habla mucho de la una sociedad y da cuenta de la pervivencia y la novedad. Las rutas gastronómicas mundiales sorprenden y cautivan. Europa ostenta un mosaico culinario muy colorido y variado en sabores, aromas y percepciones.

Francia se destaca como un punto de concentración de delicias gourmet, buenos vinos y un modo especial de vivir el disfrute de los manjares. Pero un hecho que distingue la mesa de ese país, es la inclusión de quesos en la comida y la importancia que se le otorga a este producto lácteo.

Después del segundo plato, los galos tienen la costumbre de deleitarse con una buena ración de untuosos manjares. Antes del postre, suelen servir un plato con variedad de quesos, donde se puede elegir entre los frescos, los curados, intensos, entre otros. Y el maridaje impone acompañarlos con una copa de vino tinto, para realzar aún más su sabor, y un pan de calidad única.


Un cuchillo especial de forma curva hacia arriba con dos dientes puntiagudos para poder pinchar y servir el trozo elegido sin tocarlo con los dedos, es infaltable para servirse el queso. La norma para cortar los quesos curados indica que es de mal gusto cortarlo abandonando la corteza. En el caso de manchego, se corta longitudinalmente hasta la mitad y se cambia el sentido y se empieza a cortar transversalmente para obtener trozos con una sola cara de corteza hasta el final. Así, a nadie le toca toda la corteza de la base sino que va repartida con cada comensal.

lunes, 5 de enero de 2009

En busca del queso perdido


MADRID ( The New York Times ).- Las únicas palabras de advertencia fueron: "Sólo tenga cuidado de no despertar a los murciélagos". Estaba en el interior de una cueva muy oscura, siguiendo a una mujer de 44 años que llevaba jeans ajustados y una luz pequeña sujetada en la frente. Mientras mis ojos se rehusaban a adaptarse a la oscuridad, oía a miles -bueno, decenas- de murciélagos moviéndose en sueño a centímetros por encima de mi cabeza. Por fin llegamos.
"Esos son mis bebes", dijo mi guía señalando con un amplio gesto una gran cantidad de ruedas de queso azul que reposaban en una estantería. "¿Le gustaría probar?" "Sí, claro, pero ahora salgamos de aquí."
Nos encontrábamos en Asturias, en la franja norte de España que da al golfo de Vizcaya. Venía atraída por el rótulo de la tierra del queso que se le había puesto a esta región.
Confieso que soy muy quesera. Mientras otros van a Toscana por el Brunello o al noroeste del Pacífico en busca de salmón, a mí me atrae el queso. Pero no cualquiera, me gusta probar lo que no consigo en mi país, las recetas mágicas que sedujeron los paladares de los antiguos romanos, los de sabor y aroma fuertes, los delicados artesanales que saben a pequeñas flores blancas.
Mi peregrinación me había llevado a la cueva de los murciélagos el pasado septiembre donde seguía a Raquel Viejo, una mujer del lugar cuya familia vive en Asturias hace varias generaciones. La especialidad de la región -y lo que estaba almacenado en esos estantes- es Cabrales, queso azul de leche de vaca que lleva el nombre de la localidad de Asturias donde se elaboró por primera vez. Estábamos en los pies de los Picos de Europa, donde todo es vertical: las laderas escarpadas de las montañas, los bosques de pinos y los caminos angostos salpicados de autos diminutos, rebaños de ovejas posando en las tierras rocosas, cabras solitarias paradas expertamente sobre sus patas traseras mascando de los matorrales, una cacofonía de cencerros, todo bañado por los cálidos rayos del sol.
Hay miles de cuevas escondidas en estas colinas y hace siglos que los residentes las usan para la maduración del queso. Las especificaciones de cada marca en diversas regiones de España están reguladas por una denominación de origen (o DO), y las del Cabrales dicen que debe estacionarse en condiciones ambientales similares a las de una cueva durante por lo menos dos meses para que la bacteria buena pueda matar a la mala. Pero en la actualidad la elaboración artesanal del Cabrales corre peligro, por la cantidad de jóvenes que se van de Asturias, según Viejo.
Hace unos años, el gobierno español dictó nuevas normas para regular los procesos de elaboración de queso de la zona. Algunos de los viejos métodos, como el de colar la leche con coladores hechos con crines de caballo, fueron reemplazados por otros más modernos, como coladores de metal y dispositivos mecánicos. Pero los requisitos más importantes -la raza lechera, el proceso de maduración, la falta de pasteurización- aún perduran.
Al regresar a la casa de Raquel, entre el aroma embriagador (algunos dirían rancio) de la leche ácida probé una rodaja de su queso, llamado José Antonio Bueno García, el nombre de su esposo. Era más seco y salado que los azules a los que estaba acostumbrada, pero no parecía demasiado azul, como ocurre con los quesos más suaves. Era una delicia, aunque no me podía quitar de la cabeza la imagen de los murciélagos haciéndose una picadita de quesos (¿Acaso comen queso los murciélagos?). Entonces continué con mi investigación.
A través de un estanciero de la zona llegué a otra productora, unas aldeas más arriba, famosa por su resistencia a la modernidad. Esto parecía prometedor. Oliva Peláez Amieva, una mujer gruesa, de poca estatura, con unas cuantas arrugas en la cara, me saludó desde la puerta de su modesta casa de piedra en un vestido púrpura y zuecos.
"Podrá deducir el tiempo de residencia de una familia por la forma en la que elabora el queso", me comentó la señora Amieva, que está en el oficio desde hace más de 60 años. Su queso no es Cabrales porque ella no se ciñe a la normativa; es más, no tiene nombre. Sólo elabora 200 ruedas al año, pero nos las comercializa, la mayor parte va a parar a familiares y amigos. Por el momento, yo me encontraba en su círculo íntimo.
"La Secretaría de Salud quiere que trabaje según las regulaciones, pero no soy tan buena -comenta Amieva, de 70 años-. Solía venderlo en la feria, pero tuve problemas con la policía."
Sus quesos eran una combinación ácida, seca, con una textura que se deshace fácilmente, que proviene de leche de cabra y oveja, con sabor salado y a suelo. Y su elaboración lleva mucho trabajo. Al no contar con equipos modernos, todos los animales de esta finca son ordeñados a mano. Una vez que el queso se vierte en los moldes, ella frota cada cuajada con sal y lo da vuelta todos los días para asegurarse de que madure parejo; finalmente, más del 90% del volumen original de la leche desaparece.
Este rincón aislado de Asturias generó cientos, o miles, de queseros artesanales durante generaciones. El queso es más tosco que el francés y no tan reconocido como el italiano, pero aquí, cada rueda es tan particular como la persona que lo elabora. El queso del norte de España es, como la tierra que lo produce, áspero, tosco y ácido, y no hay manera de probarlo si no se viaja hasta allí.
Comí un cuarto de una rueda de queso mientras estábamos sentadas en el living modesto de Amieva, y me di cuenta, demasiado tarde, de que era tan seco que la lengua se me quedaba pegada al paladar. Entonces, mi anfitriona me ofreció sidra casera, bebida que siempre acompaña a una porción de queso en esta región. Era el equilibrio perfecto a su aperitivo sin nombre.
"La razón por la cual mis quesos son tan deliciosos -me explicaba Amieva, sin una pizca de modestia- son mis manos." Me mostró sus palmas carnosas, llenas de callos, para que las inspeccionara. "Las bacterias naturales de mi piel hacen que el queso sea más sabroso."
Viajar de una aldea a otra es ir hilando un continuo banquete de queso y sidra, y cada comunidad quesera siente un fuerte orgullo por sus productos, que aseguran que son los mejores. Varias personas me preguntaron si para mí el Cabrales era superior al queso vasco. La respuesta, obviamente, fue por supuesto. Pero, en realidad, nunca había probado el rival del Cabrales, y sentía curiosidad por hacerlo, así que me dirigí al Este, e ingresé en el País Vasco.
La receta de Baskaran
Lo primero que se observa al llegar es que todos los vehículos tienen la misma calcomanía en el paragolpe: una oveja, símbolo de la región. Un signo alentador.
"No va a encontrar a nadie aquí que le guste el Cabrales", afirmó Patxi Baskaran, productor que vive en las colinas no muy lejos de Guernica (Gernika, para los vascos), ciudad infamemente bombardeada por las fuerzas nazis en 1937. Me hablaba con desdén sobre Asturias y pronto comprendí que era común entre los vascos. Baskaran es un hombre alto y vital, de cara colorada, y que habla a los gritos. Su familia elabora este mismo queso desde hace más de un siglo en esta misma finca. El aprendió el método de su padre, pero para poder competir con los demás tuvo que aprender solo a trabajar con la maquinaria moderna.
Baskaran elabora el Idiazábal, un queso de oveja duro, con un fuerte sabor a tierra. El Idiazábal es lo que sería el Cabrales para los asturianos. Hay miles de productores pequeños convencidos de que este queso delicioso y único es el mejor. Y para comprobarlo hay que incursionar en este suelo boscoso del País Vasco.
Baskaran fue rápido en decirme que el mérito no lo tenía él, sino sus ovejas. Pronto llegó el momento de conocer el rebaño. Condujo su camioneta Toyota por un camino de tierra empinado, que nos llevó a las nubes. Baht, el pastor escocés, saltó por la ventanilla y reunió a las ovejas para inspeccionarlas, y cientos de caras negras hicieron una pausa antes de reanudar su cena de flores silvestres. Estábamos en lo alto de la montaña, en un aire blanco y húmedo, donde surgían acantilados irregulares como aletas de tiburones gigantes que perforaban la niebla. "Los productores grandes no hacen el queso como nosotros aquí, en el País Vasco, porque las ovejas comen granos y están más estresadas, entonces la leche es débil -comentó-. Mis ovejas llevan una vida tranquila."
Danielle Pergament (Traducción: Andrea Arko)
Datos útiles
Cómo llegar
La mejor manera de llegar a la tierra del queso es yendo hasta San Sebastián. Desde allí se puede alquilar un auto (
http://www.avis.com/ ; http://www.hertz.com/ ) e ir por la costa hasta cualquiera de las localidades balnearias de Asturias: Llanes, Ribadesella, Caravia o Llanes. Todas cuentan con alojamiento asequible y grandes queserías.
Dónde dormir
Por ejemplo, el hotel Sablon (
http://www.hotelsablon.com/ ) o El Habana ( http://www.elhabana.net/ ), dos posadas muy acogedoras en las afueras de Llanes. El Sablon cierra sus puertas del 14 de diciembre al 2 de febrero y las habitaciones dobles parten de los 42 euros. El Habana permanece cerrado hasta el 14 de marzo, y las dobles parten de los 118 euros.
En el País Vasco, en Getaria, está el hotel Iturregi (
http://www.hoteliturregi.com/ ). Las habitaciones dobles en temporada alta parten de los 230 euros.

Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina