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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cambio climático y su incidencia en el comercio internacional


Víctor Pulvirenti, de la subgerencia de Estadísticas y Asuntos Técnicos Internacionales del INV, muestra las posibles amenazas a las que los vinos estarán expuestos a partir del año que viene.

El Cambio Climático (CC) es un desafío para toda la humanidad, de allí que las medidas a adoptarse deben ser compatibles con las metas de la comunidad internacional en relación al crecimiento y desarrollo económico y social.

Es evidente que el CC no es un problema comercial pero sus efectos son comerciales, por ello afecta el Comercio Internacional de bienes y servicios y por lo tanto incumbe a la Organización Mundial De Comercio (OMC), como así también los acuerdos que se han firmado en el marco de dicha Organización.

A principios de la década del 90 se hablaba que los problemas ambientales tenían carácter local, pero poco a poco las investigaciones sobre este tema fueron generando conciencia de que estos problemas trascienden lo regional para convertirse en universales o globales.

Es en este contexto que ningún país acepta la responsabilidad que tiene ante la problemática ambiental y más precisamente la responsabilidad histórica. Tradicionalmente, los países industrializados han sido emisores de grandes cantidades de dióxido de carbono de procedencia energética y parte de su responsabilidad en el actual nivel de concentraciones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) es debida a sus emisiones acumuladas del pasado.

Este nivel de responsabilidad ya estaba plasmado en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el cambio Climático (CMNUCC) en el artículo 4, que establece que "cada una de esas partes adoptará políticas nacionales y tomará las medidas correspondientes de mitigación del cambio climático, limitando sus emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero y protegiendo y mejorando sus sumideros y depósitos de gases de efecto invernadero".

Hay que destacar que los países subdesarrollados, los cuales en general aportan bajas concentraciones de GEI, son los más vulnerables ante el CC.

Existe una clara conciencia internacional de que las medidas nacionales que se adopten en virtud de los futuros compromisos tendrán un costo económico-comercial. Por ello, el alcance y el modo en que dichos costos serán distribuidos internacionalmente entre las distintas categorías de países y sectores se encuentran en el centro mismo de las negociaciones.

Los países industrializados sostienen que, frente a nuevos compromisos de reducción, se verán obligados a introducir medidas orientadas a mantener la "competitividad" de sus industrias nacionales respecto de las importaciones provenientes de países que no asumirían idénticos compromisos en el Protocolo de Kioto.

Ahora bien, para alcanzar los objetivos de política ambiental, un país puede recurrir a instrumentos de política comercial dentro de los cuales podríamos mencionar los aranceles aduaneros a bienes favorables o perjudiciales para el cambio climático, pagos en frontera en función del método y del proceso productivo, subsidios internos a la producción e innovación, etc.

En líneas generales, se considera que los instrumentos de política ambiental tienen mucha incidencia en lo comercial y se diseñan con el objeto de modificar las acciones de los agentes económicos que perjudican de un modo u otro el ambiente.

Dentro de estos instrumentos podemos identificar tres grupos: el primer grupo de instrumentos que encontramos son aquellos de tipo regulatorio que incluyen, entre otros, la fijación de límites máximos de emisión, la indicación de bienes que no se pueden producir, tecnologías que se pueden utilizar. Un segundo grupo estaría integrado por los incentivos, dentro de los cuales encontramos los impuestos a la emisión, los subsidios para el cuidado ambiental y los permisos negociables de emisión. Finalmente, dentro del tercer grupo nos encontramos con los instrumentos disuasivos con los cuales se busca convencer al emisor de la conveniencia de modificar su comportamiento mediante señales que recibe del mercado o de acciones indirectas de los gobiernos. Dentro de este grupo se encuentran, entre otras, medidas como los etiquetados voluntarios y obligatorios, que tienen como finalidad la educación y concientización ambiental.

Actualmente, la medida disuasiva más conocida, utilizada en el comercio internacional, es el etiquetado, dado que hay productos que informan al consumidor sobre las acciones que realiza el productor para reducir la emisión de gases de efecto invernadero o que indican el nivel de emisión de estos gases en la etapa de producción y de transporte o lo que en otras palabras se denomina la Huella de Carbono o también conocido como Carbon Footprint. La Huella cuantifica la cantidad de emisiones de dióxido de Carbono que son liberados a la atmósfera a lo largo de toda la cadena de comercialización (producción, almacenamiento, transporte, distribución, venta, etc.).

La Huella de Carbono, se determina mediante un inventario de emisiones de GEI medidas en toneladas de dióxido de carbono equivalente (tnCO2e). En esa medición debe tenerse en cuenta que existen tres tipos de emisiones: las directas, las indirectas y las indirectas expandidas.

Las emisiones directas son aquellas que ocurren a partir de fuentes pertenecientes o controladas por la empresa, como las que surgen de procesos químicos o físicos, aquellas producidas por la quema de combustible en equipos móviles como autos, montacargas y tractores o las emisiones no intencionales de GEI desde una compañía o fábrica a través de escapes y pérdidas. Estas emisiones se conocen en la industria vitivinícola como emisiones fugitivas y es muy probable que se limiten a escapes provenientes de sistemas de refrigeración basados en HFC (hidrofluorocarbonos).

Las emisiones indirectas ocurren fuera de la empresa a partir de recursos externos adquiridos por ella (electricidad, vapor o calor) y las emisiones indirectas expandidas, son las que ocurren fuera de la empresa, a partir de fuentes no pertenecientes o controladas por la misma pero vinculadas a sus actividades (transporte hasta los lugares de distribución del producto, etc.).

Este tipo de etiquetado empezará a regir a partir del primero de enero de 2011 en Francia, dado que ha sido aprobada la Ley Grenelle 2, la cual regulará la Huella de Carbono en las importaciones de alimentos y sus derivados y los exportadores deberán informar sobre las emisiones de gas de efecto invernadero que generó su elaboración y transporte. En Gran Bretaña, algunas cadenas privadas como Marks and Spencer´s y Tesco expresaron su interés en fomentar el uso de etiquetas que informen sobre la huella de carbono de los productos que comercializan. En Estados Unidos, el Congreso está discutiendo un proyecto de ley denominado "Acta de Energía Limpia y Seguridad", en el cual se encuentra en sistema de comercio de emisiones obligatorio para las importaciones de los Estados Unidos.

En el marco del Grupo Mundial de Comercio del Vino (GMCV), que integran Australia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Argentina, se está analizando un Protocolo Internacional para el Cálculo de la Huella de Carbono que permitirá medir las emisiones de GEI generadas a nivel de bodega por el proceso de elaboración de vino, abarcando todas las actividades de su ciclo de vida (desde la adquisición de las materias primas hasta su posicionamiento en las góndolas). Actualmente se está trabajando en la etapa de recopilación de datos en cada uno de los países miembros.

En nuestro país existe un marco normativo acorde con los nuevos desafíos ambientales, lo cual se encuentra plasmado en la Constitución Nacional, a su vez, las estructuras del Poder Ejecutivo ya sea nacional o provincial están dotadas de instituciones que se encuentran capacitadas para llevar a cabo medidas de mitigación. Nuestro país, y en particular la agricultura, debe comprender y trabajar para certificar los alimentos que produce.

Hay productos exportados desde la Argentina que generan una Huella de carbono y "food miles" menores al mismo bien producido en el país comprador. Pero por ahora no se ha logrado comunicarlo.

Debemos pensar que sólo medir la Huella de Carbono en los productos que se exportan es una ingenuidad, lo que se debe hacer es tomar conciencia de la problemática ambiental y a partir de allí plantear estrategias de mitigación y adaptación al cambio climático, las cuales deberían estar conformes a las reglas de la Organización Mundial de Comercio,

Para finalizar, este tema que se presenta como el mayor desafío de la comunidad internacional no debería convertirse en una herramienta que obstaculice los intercambios comerciales.

*Esta nota fue publicada en el suplemento FINCAS de Diario Los Andes.

Las claves
  • Los países subdesarrollados, que en general aportan bajas concentraciones de GEI, son los más vulnerables ante el CC.
  • Existe una clara conciencia internacional de que las medidas nacionales que se adopten en virtud de los futuros compromisos tendrán un costo económico-comercial.
  • Se considera que los instrumentos de política ambiental tienen mucha incidencia en lo comercial y se diseñan con el objeto de modificar las acciones de los agentes económicos que perjudican de un modo u otro el ambiente.
  • Actualmente, la medida disuasiva más conocida, utilizada en el comercio internacional, es el etiquetado.
  • La Huella de Carbono se determina mediante un inventario de emisiones de GEI medidas en toneladas de dióxido de carbono equivalente (tnCO2e).
  • En el marco del Grupo Mundial de Comercio del Vino (GMCV), que integran Australia, Canadá, Chile, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Sudáfrica y Argentina, se está analizando un Protocolo Internacional para el Cálculo de la Huella de Carbono.

sábado, 17 de julio de 2010

El cambio climático alcanza al vino alemán

El famoso Riesling, el vino blanco alemán cultivado en la ribera del Rin, sufre el impacto del cambio climático, con vendimias precoces, recrudecimiento de las enfermedades de la viña y sequía.

El Riesling es un vino de gran tradición que se cultiva en los altos de la ribera del Rin desde el año 817. La normativa vinícola mundial requiere que, en el hemisferio norte, el cultivo de la viña se realice entre los 30 y 50 grados de latitud y, en el hemisferio sur, entre los 30 y 40. Actualmente, para hacer frente a los nuevos cambios climatológicos, los viticultores alemanes han comenzado a plantar sus viñedos en zonas situadas a 59 grados, equivalente a la latitud de Helsinki.

Cuando se registran altas temperaturas y un aumento del grado de humedad durante un tiempo prolongado se pudren las raíces de la viña y aumentan las plagas de insectos. El cambio climático, además, está propiciando bruscos cambios de temperatura y combinando periodos de grandes lluvias y de sequías. En muchas ocasiones es necesario proceder a la vendimia precoz, con el consiguiente aumento del grado de alcohol de los vinos y la disminución de la acidez, característica típica de la variedad Riesling.

El cambio climático afecta de igual manera a los viticultores franceses, que en vísperas del encuentro internacional en Copenhague (COP15) llevaron a cabo una sonora protesta. El cambio climático pone en peligro un factor determinante en la producción del vino: las características típicas del suelo de cada región. Un informe de Greenpeace sobre el impacto del cambio climático sobre el vino francés confirma el hecho de la pérdida de identidad de los vinos debido al aumento de su grado alcohólico y a una menor acidez de la uva.

Fuente: ecoticias.com

miércoles, 20 de enero de 2010

"El cambio climático impulsa el consumo de vinos rosados"

Con la llegada del verano, el consumo de vinos rosados aumenta de manera significativa. ¿Es sólo una moda o una tendencia? Roberto González, enólogo de Nieto Senetiner y artífice del "Rosé Nouveau", que la bodega lanzó recientemente, da su impresión sobre el tema.

¿Hace mucho que estás trabajando en este rubro? ¿Cuándo desarrollaste el primer rosado?

Me inicié a los 13 años estudiando en la Escuela Vitivinícola Don Bosco (Mendoza). En 1983 ingresé a la Facultad de Enología y ni bien me recibí, ingresé en Arizu, bodega que ya no existe. Luego, en 1991 entré a Nieto Senetiner, donde me desempeño como Gerente de Enología. Allí, el primer rosado que desarrollamos fue en 1995, algo temprano para el mercado. Por falta de consumidores o por falta de madurez del mercado no hubo una rotación deseada del producto.

Al vino rosado se lo consideró durante mucho tiempo como un producto de segundo orden. ¿Por qué pensás que está creciendo su consumo en el mundo?

Fue considerado un producto de segundo orden fuera de los países tradicionales como Francia y España, ya que no se elaboró correctamente. Es más, era el producto que se elaboraba con uvas no destinadas a tal fin, con tecnologías no apropiadas y sin respetar los tiempos de rotación del producto en los puntos de venta. Esto condujo al desprestigio de la categoría.

Hoy, con el devenir del cambio climático y el aumento de la temperatura (recordemos que a principios de 1900 la temperatura del habitat era de 18°C y hoy estamos entre 20ºC y 22°C), la mejora de los sistemas de refrigeración y la logística de distribución, han hecho de este producto la estrella del momento. También hay que tener presente que hay un consumidor que ha cambiado su gusto y prefiere comidas más livianas y con menos calorías; este consumidor se adapta muy bien a este tipo de vinos.

Lo mismo sucede con los espumantes. ¿Pesa la moda?

Exactamente, lo mismo sucede con los espumantes. Pero no creo que sea una moda. No hay que olvidarse que el consumidor evolucionó. Como te dije, demanda menos calorías y productos más frescos para su alimentación.

¿Cómo ves el mercado local?

En el mercado local hay cada vez más oferta; esto es bueno. Sólo me preocupa que estos vinos, preparados para una corta duración, sufren mucho el paso del tiempo. Por eso, manejar una adecuada rotación es indispensable para mantener la calidad del producto. El cliente se ha vuelto exigente con las condiciones de conservación, tanto en el punto de venta como en el hogar.

¿Qué particularidades tiene el rosado que acaban de lanzar?

Es un rosado a base de malbec, que se consume en el primer año de vida (por ello nouveau). Se lanzó cerca de la primavera; esto le confirió una categoría de primicia. Otra de sus características es que un cierto volumen es fermentado y conservado durante pocos meses en barricas de acacia. Esta madera francesa es muy distinta a la madera de roble tradicional porque no confiere casi sabor y olor a madera, pero refuerza el concepto frutal y floral del vino. Esto último sí es un concepto novedoso en nuestra enología.

¿El verano incide en el consumo de este tipo de vinos?

Sí. Uno esta mucho mas predispuesto. Los blancos y los rosados son los reyes de la estación.

¿Cómo es el proceso para lograr un vino rosado? ¿Es cierto que se puede lograr a partir de uvas blancas y tintas indistintamente?

El proceso se inicia con la elección de la variedad y la fijación del momento de cosecha. La misma no es igual que para una blanca que para una uva tinta. Esta debe estar entre los 12,5° a 13° de alcohol. Como nuestro "Rosé Nouveau" proviene de una uva tinta, debemos cosecharla, molerla y poner en contacto las pieles con sus jugos por 24hs-48hs a una temperatura de 12°C. Luego se separan los jugos. En este punto, el jugo de la uva ha tomado el color final del vino. Una porción de este jugo se limpia y fermenta con levaduras especiales.

Una porción lo hace en barricas de acacia y el resto en tanques de acero inoxidable a temperatura controlada. Concluida la fermentación, el vino es conservado en madera hasta agosto, donde se produce la mezcla de la porción que sufrió el pasaje por madera de acacia con la del tanque de acero inoxidable. A partir de ese momento, se lleva a la cadena de embotellamiento. No es adecuado partir con la mezcla de uvas blancas con tintas, ni la mezcla de sus vinos.

Información provista por Piano15

jueves, 1 de octubre de 2009

La enología francesa pide medidas contra el cambio climático


La enología francesa pide medidas contra el cambio climático, y lo hace a través de un artículo publicado en el periódico Le Monde firmado por enólogos, chefs, sumilleres y grupos ecologistas como Greenpeace, solicitando al Gobierno francés que se posicione y adopte medidas más contundentes para reducir los efectos del cambio climático a fin de poder preservar la calidad de los vinos franceses.

El próximo 7 de diciembre se iniciará la Cumbre de Copenhage de la ONU sobre el cambio climatico, en esta cumbre se intentará alcanzar un nuevo pacto que pueda frenar el avance del cambio climático. Los profesionales dedicados al mundo del vino en Francia afirman que el magnífico y elegante vino francés se encuentra en peligro a causa de las perturbaciones climáticas, olas de calor, granizo, enfermedades, etc. Los tiempos de maduración y vendimia varían y provocan mayor acidez, un pH más elevado, mayor graduación alcohólica, problemas que se están acusando en las regiones vinícolas francesas más consolidadas.

Si no se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero, todos los problemas mencionados se agravarán y Francia dejará de ser un país que ofrezca vinos de valorada excelencia. Los profesionales del vino y de la gastronomía manifiestan que es necesario actuar con firmeza y desean que en Copenhague se alcance un acuerdo firme en el que se reduzca en un 40% las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2020.

Entre los profesionales que firman el documento reivindicativo podemos encontrar al chef ex-tres estrellas de la guia Michelin marc Veyrat, al chef Mauro Colagreco con una estrella Michelin, los responsables de la guia Gault Millau, el proclamado chef del año 2008 Jean-Luc Rabanel, el mejor sumiller de Francia del año 2007 Antoine Petrus, bodegas, enólogos, etc. Todos ellos manifiestan que para frenar la espiral destructiva del patrimonio enológico francés y del resto del mundo, sólo existe un camino, frenar con decisión las emisiones de efecto invernadero que están alterando todos los ecosistemas del planeta.

Muchas de las estrategias diseñadas por la industria vitivinícola necesitarían ser arropadas con una firme decisión en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, ¿de qué sirve transportar un viñedo si el aumento progresivo de la temperatura provocará volverlo a trasladar?

Es necesario respaldar el protocolo de Kyoto y que se pulan diferencias entre los intereses de los países intentando alcanzar una política mundial en base a los estudios y previsiones científicas realizadas. Por último recordar que no sólo el mundo del vino se ve afectado por el clima, son muchos los cultivos que sufren las consecuencias del cambio climático a nivel mundial y los intereses económicos frenan las posibles soluciones que se pueden adoptar.

jueves, 27 de agosto de 2009

El cambio climático incidirá con fuerza en la vitivinicultura local


Según un estudio realizado por la especialista Carla Aruani, del INV, los cambios en la cosecha estarían vinculados al ascenso de temperatura. Las zonas vitivinícolas argentinas han experimentado aumentos de temperatura en los últimos años. También se han observado alargamientos en los períodos de cosecha, donde el inicio de la vendimia no sólo tiende a adelantarse, sino que el fin de la recolección tiende a culminar más tardíamente.

La profesional ha realizado un análisis acerca de los impactos potenciales del cambio climático en la vitivinicultura, tema de gran preocupación en todos los países vitivinícolas del mundo. Recientemente en Francia se dio a conocer un estudio de ribetes dramáticos para la vitivinicultura de ese país por el cambio climático, que llegó, inclusive, a manos del presidente Nicolas Sarkozy.

En Argentina, desde Salta a Río Negro, las modificaciones en cuanto a la cosecha “parecen estar relacionadas con los aumentos de temperatura”, indicó Aruani. “Sumado al incremento de precipitaciones estivales en el piedemonte, la disminución de nevadas en la cordillera y el aumento de frecuencia de eventos extremos pronosticados para esta región para las próximas décadas, esta perspectiva compleja seguramente traerá consecuencias importantes en el manejo de los viñedos y en la producción vitivinícola de nuestro país”, expresó la ingeniera agrónoma. En Mendoza, por ser la principal productora del país, lógicamente este hecho repercutirá en mayor medida.

Proyecciones en base a modelos globales indican que esta tendencia al calentamiento continuará durante el siglo XXI junto con un aumento de la frecuencia de eventos extremos (olas de calor, sequía, granizo). “Entre otras cosas, estos cambios en las temperaturas tendrán probablemente impactos dispares en la producción de vid y calidad de vinos”, indicó. “Zonas vitícolas de climas templados-cálidos, que se encuentran actualmente cercanas al límite climático superior para el cultivo de la vid, serán probablemente las más afectadas, ya que si la temperatura en esa zona aumenta más de lo ideal, los estadíos fenológicos se producirán más rápidamente, dando como resultado una acumulación acelerada de los azúcares y pérdida de acidez por respiración, produciendo vinos sosos y poco balanceados”.

Fuente: Diario Uno



Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina