Mostrando entradas con la etiqueta vino de madeira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vino de madeira. Mostrar todas las entradas

lunes, 28 de abril de 2014

Vino de Madeira

Con variedades clásicas y un sabor distintivo derivado de un proceso único, el vino de Madeira se ha hecho famoso, liderando el mercado de todo el mundo.

Su desarrollo comenzó gracias al rico suelo volcánico, el clima benigno y una amplia variedad de cepas traídas de muchos lugares del mundo. Una de las primeras fue la variedad malvasía cándida de la Venecia del siglo XIII, algo muy lógico, ya que esta nación dominaba el mercado del Mediterráneo y operaba por toda Europa. En el siglo XV empezó el cultivo de la uva malvasía de Madeira junto con otras variedades, que pronto se volvieron muy productivas y reconocidas.

El proceso de maduración del vino de Madeira fue descubierto por casualidad: la dureza de las travesías, las brisas marinas y particularmente el calor en los barcos durante los viajes por los trópicos desarrollaron diferentes sabores en el vino, confiriéndole más cuerpo. Se dice que en los viajes más largos del siglo XVI, se reforzaba hasta con un 20% de alcohol para que soportase las condiciones del mar. Sin embargo, el constante balanceo del barco y el paso por el ecuador (que lo calentaba como si se tratara de una sauna) aceleraban su maduración. De hecho, los largos viajes fueron la práctica común para otorgarle sus características, hasta que en 1794 se aplicara la ciencia al proceso.

Los madeirenses, intrigados por la transformación, empezaron a experimentar con diferentes técnicas, como el método de calentamiento llamado estufa, “sauna caliente”, en el que el vino se calienta durante 3 meses a una temperatura de hasta 50ºC. Los tanques estufa ahora están hechos de acero inoxidable y el proceso empieza pronto con los vinos Malvasía y Boal con un proceso controlado de fermentación más prolongada para vinos más secos como Verdelho y Sercial. El otro método tradicional se llama Canteiros, un proceso de añejamiento en el que el vino se almacena en barriles durante periodos de entre 20 y 100 años con calor natural. Estos métodos aún se usan hoy en día.

Durante el siglo XVII el vino de Madeira fue adquiriendo fama y renombre en todo el mundo, aunque también debemos agradecérselo a los piratas, que coadyuvaron a su distribución. Durante el siglo XVI los piratas franceses atacaban brutalmente la isla y todo buque que se le acercara, llevándose consigo oro, plata, azúcar y vino, su tesoro más preciado. Más adelante estas barricas se iban vendiendo y repartiendo por todo el mundo, sobre todo en Francia, donde este vino cobró pronto mucha celebridad.

En 1661 la princesa Catalina de Bragança, hija de Don João, rey de Portugal, estaba casada con Carlos II, rey de Inglaterra y Madeira obtuvo permiso para vender su vino directamente en cualquier colonia británica. De la misma manera, Portugal le permitió a Inglaterra el comercio libre en cualquier puerto portugués de África, India y América, un acuerdo que muy pronto se convirtió en una valiosísima sociedad comercial.
El vino de Madeira tenía tanta demanda en el siglo XVII que se enviaban cargamentos regularmente hasta Boston, Baltimore, Filadelfia y Nueva York. Era muy apreciado por importantes personajes como Benjamin Franklin o la familia Roosevelt y fue el vino predilecto del primer presidente de EEUU, George Washington, quien tomaba un vaso en cada cena. Además, está comprobado históricamente que se consumió en numerosas celebraciones, como en la firma de la Declaración de Independencia de EEUU del 4 de julio de 1776 y de nuevo cuando la ciudad de Washington se convirtió en capital de la nación.

Durante el siglo XVIII las industrias del vino y el azúcar eran en su mayoría propiedad de ingleses afincados en Madeira desde el siglo anterior, muchos de los cuales habían nacido en la isla, adaptándose a sus costumbres y adoptando ambos idiomas. Pero en 1852 sobrevino la hecatombe: una epidemia de mildiu destruyó el 90% de las uvas, por lo que 70 establecimientos ingleses tuvieron que abandonar la isla. Unos años después, otra plaga, la filoxera (Phylloxera vastatrix) de origen americano, acabó con las plantas que quedaban. Y pocos años más tarde, solo quedaban 15 empresas exportadoras que ayudaran a los comerciantes en esta difícil etapa.

A inicios del siglo XX, el vino de Madeira se fue recuperando gradualmente y en 1979 se fundó el Instituto del Vino de Madeira. Su objetivo era el de dirigir cuidadosamente toda la producción de los caldos, controlando desde la siembra al proceso de fermentación, pasando por el posterior embotellado, con el que se concedería el sello oficial de calidad.
Hoy el vino de Madeira es muy conocido en todo el mundo, no solo como bebida sino también como un excelente vino culinario. Madeira cuenta con bastantes productores de vino importantes, como Henriques & Henriques, la empresa de vino de Madeira perteneciente a la familia Blandy, Vinhos Barbeitos, Vinhos Justino Henriques, Filhos, Pereira d’Oliveira Vinhos y Silva Vinhos, que todavía fabrican unos vinos exquisitos.

Hoy en día aún se cultivan viñedos por toda la isla, sin embargo, las principales zonas de viñedos de los mayores productores de vino están en lugares como Funchal, Estreito, Câmara de Lobos, Ribeira Brava, Caniço, Porto da Cruz, Campanário, São Vicente y Ribeira da Janela. Todos cultivan una gran variedad de uva, como Malvasia, Boal, Verdelho, Tinta (Negra-Mole), Bastardo, Terrantez, Sercial y algunos vinos de mesa como Muscatel de Setúbal. Porto Santo, con su clima más seco, cultiva principalmente Listrão y algunas otras variedades.

La vendimia en Madeira constituye una intensa actividad y también una gran celebración. Empieza a mediados de agosto, se extiende a octubre y algunas veces hasta noviembre, dependiendo de la altitud del terreno cultivado. Tradicionalmente, las uvas se recogen a mano y se colocan en cestas de mimbre para transportarlas al lagar, donde se prensan con los pies antes de usar una prensadora mecánica. Hoy en día es bastante habitual ver prensar las uvas artesanalmente, aunque lo realizan sobre todo los granjeros locales seguidores de la tradición. 

Fuente: madeira-live.es

jueves, 2 de abril de 2009

El Madeira

Madeira, una isla paradisíaca bañada por el Océano Atlántico esconde en sus exóticos parajes el secreto de elaboración de unos vinos con más de 400 años de antigüedad.
Las primeras viñas introducidas en la región fueron probablemente llevadas por los ingleses durante el proceso de colonización. Existe la creencia, de que fue el príncipe inglés Enrique el Navegante el que introdujo en Madeira el que sería el antecedente más cercano de esta bebida; un vino llamado ''malvasia candida'' procedente de la isla de Creta.

El mayor desarrollo en la industria vitivinícola que tuvo Madeira comenzó en la segunda mitad del siglo XVII, justo cuando las exportaciones que realizaban los ingleses eran masivas y muchos países reclamaban con insistencia estos caldos. Inglaterra es además, el lugar donde alcanzó mayor importancia.


Cognac añadido

El Madeira original no es el que hoy día se conoce. Sin duda alguna, el hecho de encabezarlo con licores como el brandy o el cognac hizo que estos caldos ganaran presencia y terreno frente a otros vinos. Portugal durante las guerras napoleónicas era aliado de Inglaterra y por esta razón se vio afectado por el bloqueo ordenado por el propio Napoleón. De este modo, las existencias de Madeira y Cognac que estaban destinadas a exportarse se acumulaban en stock en la isla. Para prolongar la vida del Madeira se le añadió cognac con lo que el sabor del caldo mejoró considerablemente y desde entonces al Madeira siempre se le ha añadido alcohol. Al igual que ocurrió con los vinos de Oporto y de Jerez, el Madeira si se encabezaba aguantaba mejor los largos traslados a los que se veía sometido desde su lugar de origen hasta la zona de consumo. A partir de este momento, se convirtió en una bebida muy cotizada y de gran lujo.



Elaboración

El proceso de producción de estos vinos, no se diferencia especialmente del que se utiliza en otras regiones del mundo. Como en muchos otros lugares la recolección y algunas labores de elaboración siguen haciéndose mediante los medios tradicionales, es decir, exclusivamente humanos y sin la intervención de ningún tipo de maquinaria. No obstante, una de las características que le hacen sobresalir sobre otros vinos tiene lugar en el proceso de elaboración. Los vinos de Madeira deben sus espléndidas características a un método denominado ''estufagem'' que consiste en calentar de forma artificial estos caldos.

Se consigue de este modo, un doble efecto: por un lado el vino se conserva mejor y durante más tiempo y por otro, el calor carameliza el azúcar del mosto y otorga al vino un agradable aroma tostado. Se puede hacer de varias formas aunque la más corriente es mantener el mosto en depósitos a temperaturas que oscilan entre los 35 y 50 grados centígrados. En otros casos los depósitos son barriles de madera que se almacenan en una casa y que se mantienen a una temperatura de 45 grados. Claro está, que este calor lo proporcionan las llamadas estufas, de ahí el nombre del proceso. Un tercer método, más caro y largo, apuesta por que las cubas de vino se caliente únicamente con el calor del sol.

Tipos de vinos

Existen 4 variedades de Madeira cuyos nombres se corresponden con las variedades de uvas con las que se han elaborado: Sercial, Verdelho, Bual o Boal y Malvasía. Dos de ellos son secos (sercial y el verdelho) y los otros dos son dulces (bual y malvasía). A su vez, los madeira se pueden clasificar nuevamente atendiendo a su edad: los Colheita tienen un periodo mínimo de crianza en madera de 20 años, los Reserva Extra envejecen durante al menos 15 años, los Reserva Velha son de al menos 10 años y por ultimo, los Reserva tienen una edad mínima de 5 años.


Sea cual sea la variedad de uva que se utilice en su elaboración y el tiempo que pase envejeciendo en barrica, el madeira siempre será un vino muy versátil. Es tan diverso que puede degustarse a cualquier hora del día y prácticamente con todo tipo de comidas. Los secos, son deliciosos si se sirven frescos a la hora del aperitivo y los dulces aportan el toque necesario después de cualquier comida, además de ser excelentes digestivos.
Fuente: Terra - El Portal del Agua


Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina