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domingo, 11 de julio de 2010

¡No me explique nada: deme o haga lo que le pedí!

¿Somos explicadores? Un tema interesante, que discutíamos días pasados con amigos afectos a la buena calidad de servicio. Y todos coincidieron con mi reflexión de que los argentinos somos explicadores.

Un explicador es ese personaje, ya sea mozo, dueño de restaurante, prestador de algún servicio, vendedor de algún producto que no pudo entregar en tiempo y forma. No se disculpa con usted, o a lo sumo, muy excepcionalmente, lo hace después de haberle descargado una larga explicación de porqué no cumplió.

¡No me explique nada: deme  o haga lo que le pedí!

Disculparse o explicar. Personalmente me inclino por la primera opción. Cuando algo no salió como yo me esperaba y me sé responsable ante un tercero que confió en mí, prefiero disculparme, antes que andarle explicando. Si el afectado me pide alguna explicación, entonces sí, se la doy con mucho gusto, porque incluso me siento obligado a hacerlo.

El plato frío. Que levante la mano quien, de entre los que están leyendo en este momento la nota, no sufrió con la llegada del plato frío a la mesa. A mí me ha pasado de estar con el dueño de un restaurante en la mesa, y que comenzara a darme la explicación técnica del entuerto.

¿Qué hay que explicar si un plato llega frío al cliente? ¡Nada! No hay que explicarle nada, simplemente, se le pide una disculpa, se retira el plato y se lo trae nuevamente a la temperatura adecuada. ¿O acaso una explicación hará cobrar temperatura al plato? Quizás aumente la temperatura corporal del cliente, pero no del plato.

Demora en la cocina. ¿Y cuando tardan casi una hora en traerle unas crêpes de espinacas? Me pasó que tuve semanas de intercambio epistolar cuando escribí una nota denunciando este hecho, con nombre de restaurante y todo. ¿Qué hay que explicarle a este cliente? ¡Nada! Regálele una botella de vino; dele un vale para que venga a comer por cuenta de la casa una próxima vez; invítelo con el postre o una copa de despedida. Lo que sea, pero no le explique nada, insultando la inteligencia del cliente como si no tuviera la menor idea de que el plato que pidió está listo, y lo único que precisa es un golpe de horno para llevarlo a la mesa.

¿Y qué le explican? "Me faltaron dos cocineros". Y ahí, usted cliente, que lleva la hora esperando, le dice: "¿y porqué no me avisó antes de sentarme que debería esperar una hora para que me sirvan el primer plato?".

¡No me explique nada: deme  o haga lo que le pedí!

También le puede pasar como a mí, que me dijeron que la culpa la tenía el comensal que había pedido un primer plato y eso había demorado todos los demás. La disculpa no llegó jamás.

Papas "bravas". Debe haber pocos platos más típicos en España que estas afamadas papas. Un día las pido en un restaurant de amigos y aparecen unas papas blanquísimas como la nieve. Mi amigo español me mira, me pregunta si aquí se servían de este modo, y le dije que de ninguna manera. Viene la cocinera a mi requerimiento, y muy suelta de cuerpo me informa: "es que no teníamos el pimentón que necesita este plato". Mi pregunta abrió una brecha en esa amistad gastronómica que nunca terminó de cerrar. Dije: "¿y entonces porqué lo dejaste en el menú...?"

Parecía que hubiera convocado a Melpómene la musa responsable de la tragedia. No voy a exagerar diciendo que casi me golpean, pero lo dicho: hasta hoy soy mirado con cierto rencor por no saber comprender que bastan las intenciones y que el que se debe adaptar es el cliente: ¡que para eso hasta lo dejamos que pague por lo que no pidió!

Chimenea fatal. ¿Y cuándo advierte que su ropa está tomando olor a comida porque el restaurant de $ 250 el menú tiene un problemita de ventilación? Viene el mozo y le explica: "es que nos prohibieron usar la ventilación de la cocina hasta que reparemos un tramo de la chimenea que molesta a los vecinos del edificio vecino".

¿Cerrar hasta que esté la reparación? Ni soñar. ¿Hacer un descuento por la molestia? Ni se le ocurra sugerirlo. ¿Advertir al cliente antes de que el olor a cebolla impregne su saco de cashmere? Sólo a un loco podría proponer tal cosa. A lo suma le sugerirán salir con campera de cuero para evitar este trastorno

El cobro del cubierto. Ahí tiene un buen ejemplo de algo inexplicable. Está prohibido cobrar "cubierto" y otras morrallas en los restaurantes por resolución de la Secretaría de Comercio de la Nación. Nosotros lo decimos, y ¿qué pasó? ¡Nada! ¿Qué esperaba que pasara, so ingenuo?

Intente hacer notar esta infracción en un restaurante que la cometa. Lo mejor que le puede pasar es que lo consideren un desalumbrado y le perdonen la vida. Y si tiene suerte hasta por ahí le explican porqué le cobran lo que tienen prohibido. Eso sí, no pida demasiadas explicaciones porque ¡por ahí hasta se las cobran por dárselas!

Todo tiene una explicación. Ni hablar si salimos del tema de la enogastronomía por unos renglones. ¿Quién no se quedó sin conexión a Internet? Nuevamente convoco a que levanten la mano los lectores que recibieron una disculpa y no una pseudo explicación: "el servicio está cortado en toda su zona y estamos intentando repararlo".

¡No me explique nada: deme  o haga lo que le pedí!

Pero no avance queriendo saber cuándo volverá a tener servicio, y si se extiende más de un tiempo razonable: ¿constará en su próxima factura el descuento respectivo por el día sin servicio?

Lo máximo que puede escuchar del otro lado, como me pasó: es una carcajada, sospechando el operador de que me había pasado para el lado de los bromistas. O una amable telefonista, de esas controladas de acuerdo a lo que una voz anónima le advierte antes de comenzar su diálogo: "ésta comunicación puede estar siendo grabada para su mejor servicio" (¿habrá alguien que escuche esas grabaciones?), que de manera práctica, optó por colgarme después de 15 minutos de explicaciones inútiles.

Pensándolo bien. Hay quien me dirá que no sea tan quisquilloso y sea comprensivo con los explicadores, gracias a los cuales uno se va con las manos o el estómago vacío, ¡pero bien explicado! Visto de esta manera -que sigo sin compartir- la cosa termina tomando otro color. Y recuerde el dicho: Mollis sermo iram frangit ; (El hablar suave aplaca la cólera).

Fuente: lanacion.com

viernes, 26 de febrero de 2010

Mala atención en restaurantes: ¿los dueños no tienen nada que ver?

Por Alejandro Maglione
Especial para lanacion.com

Revuelo. Las reflexiones que hiciéramos el viernes pasado en lanacion.com sobre la dificultad que enfrentamos los porteños para conseguir un buen servicio a la hora de salir a comer fuera de nuestra casa, levantaron un revuelo notable. Fue una de las notas más comentadas del día y mi casilla de e-mail explotó.

99,7%. Esa fue más o menos la proporción de lectores que coincidieron totalmente con la propuesta de la nota, y debo agradecer que la enriquecieron con sus propias propuestas y experiencias. Justamente, uno de los planteos más reiterados fue preguntar y preguntarse sobre que tienen que ver los dueños y encargados en todo este asunto.

El salir comer: siempre recuerdo la frase de Art Buchwald: "Los norteamericanos apenas empiezan a considerar la comida como lo han hecho siempre los franceses. La cena no es lo que haces por la noche antes de hacer otra cosa. La cena es la noche".

¿Alguien duda que la frase se pueda aplicar específicamente a los argentinos en general, y a los porteños en particular? El salir a comer es una institución nacional. Nos encanta hacerlo ya sea para ir a la casa de un amigo o para ir a un restaurant. Y el hábito encierra una mezcla de placeres: desde el pasarlo bien con amigos, al costado hedonista de simplemente pasarlo bien, y si es posible, sabroso y bien atendido.

Mala atención en restaurantes: ¿los dueños no tienen nada que  ver?

Restaurantes que cerraron. Alguna vez reflexioné sobre la cantidad impresionante de restaurantes que estaban cerrando en Buenos Aires, y dije: " A los clientes porteños, en el interior del país la situación en general es otra, muchos restaurantes tradicionales resolvieron excluirlos de su lista de clientes habituales, para dejar paso a los apreciados turistas, que -como son todos tontos, según ellos- soportan casi cualquier precio que se les quiera cobrar por un plato de comida, no siempre bien preparado, y que no requiere de la abundancia que reclamamos los nacionales a la hora de sentarnos en la mesa. Así se pasó de precios irrisorios a precios irritantes ".

Dueños y encargados. En otros tiempos los profesionales de la publicidad, que ganaban dinero a carradas, eran los que encabezaban la lista de los que instalaban su propio restaurant, que usaban para sus relaciones públicas, y dejaban la administración y atención en manos de gerentes que los regenteaban.

El resultado mayoritario fue el de fracasos estrepitosos. Hoy, anda pasando algo, en alguna medida, parecido. Se ven pocos dueños al frente del negocio de dar de comer bien, a precios razonables y con mozos que atiendan con profesionalismo. Entonces sucede que el gerente-encargado se suele concentrar en la parte administrativa del negocio que le confiaron, que nunca es un tema menor, pero descuida todo el resto.

Y descuida todo el resto por dos motivos: no sabe y no le interesa, y no fue formado para eso. O bien, no tiene la necesaria vocación de anfitrión de gran importancia en este negocio.

Algunos ejemplos buenos. Siempre recuerdo a Roque siempre instalado en el timón de "La Casona de Roque", a quien se refería cariñosamente uno de sus clientes más frecuentes: Tato Bores. Lloviera o tronara, Roque estaba allí, nos recibía como en su casa. Ya sabía lo que uno iba a comer, porque era él el que seleccionaba el menú para un cliente habitual.

Mala atención en restaurantes: ¿los dueños no tienen nada que  ver?

Y ni hablar si el dueño era Ramiro Rodríguez Pardo. Se levantaba vestido de cocinero y se acostaba con el atuendo puesto. Nunca hubo programa de TV o compromiso que lo alejara demasiado tiempo del salón de su restaurant.

Hoy hay varios lugares en Buenos Aires y alrededores donde también pasa lo mismo, y donde la atención es excelente. Pero son los menos: el Granda , con Ricardo Aparicio siempre en la casa; Puro Bistró , con Rodrigo y Diego dando vueltas; El Ribereño , con los Jorges identificando al cliente viejo del recién llegado; el Ocho7ocho , donde Julián Díaz prácticamente tiene su domicilio instalado. Solo por citar algunos de los buenos ejemplos.

Lo no tan bueno. Los lectores me contaron cosas terribles que les pasaron, que dan para un capítulo de un libro. Y uno, residente en Chile, me contó que un día se tuvo que ir de un restaurant porque luego de discutir con el mozo sobre que él había pedido arroz con pollo, cuando en realidad había pedido arroz con camarones, apareció el encargado y le dijo: "mire, aquí, en el pedido de la cocina dice claramente que usted pidió arroz con pollo, así que cómase el plato...". Nuestro lector, luego de explicarle que él no había escrito la comanda, sino el mozo, tomó a su esposa del brazo y se fue.

Dueños-encargados ausentes. A mí me gusta mucho ir de incógnito a comer afuera y pagar por mi comida, para evitar el "servicio especial" al periodista, y asimismo no caer en la obligación de elogiar TODOS los restaurants que se comentan. ¿Y qué sucede cuando se critica un lugar? Por lo general, nada. Nadie se da por aludido, diga lo que se diga. Para botón de muestra está mi crítica generalizada a la gastronomía que encontré hace casi un año en Villa La Angostura. Puse nombre de cada restaurante; identifiqué aquel donde estaba un afamado chef como Leo Morsella -donde me sentí amenazado por un mozo- y la única respuesta vino de una dama de la Cámara de Comercio local dándome la razón sobre el deterioro gastronómico en que habían caído.

Mozos que aparecen. También tuve el ejemplo insólito de L´Ecole en Buenos Aires. Critiqué lo que consideré un mal servicio, y me vino a ver a mi escritorio, luego de enviarme un mail, el mozo, Mariano Macu Alcorta, y me explicó que lo que había pasado es que ese día justo era el día en que su mujer estaba internada para tener su primer hijo... Se disculpó y me pidió que le diera la oportunidad de atenderme nuevamente, por lo que volví a ir, recibiendo un servicio 10/10. Es más, ¡hasta me invitó al bautismo de su hijo!

Mala atención en restaurantes: ¿los dueños no tienen nada que  ver?

A esta altura usted se pregunta: ¿y el dueño-encargado? Sigo sin saber quien es... Sí recibí una explicación de un amigo suyo: "le está yendo muy bien en Colombia donde tiene una escuela para cocineros y mozos...". No me diga que no es una ironía.

Conclusión. No tengo la menor duda sobre que el responsable del mal comportamiento de un mozo es, también, el dueño o quien esté a cargo del restaurante. Encima, pudiendo hacerlo, se niegan a contratar a alguien para que periódicamente se dé una vuelta por el lugar y, sin darse a conocer, chequee como andan las cosas. Es la actitud frecuente de un empresario pyme nacional: "¿qué puede ver que no haya visto yo?" Y así les va. Me refiero a que les va mal, pero por suerte, la Argentina brinda excusas permanentes para ocultar nuestros fracasos. Me olvidaba, también nosotros, los periodistas supuestamente especializados, tenemos lo nuestro. Adoramos ser invitados a comer gratis, a cambio de silenciar las cosas incorrectas que detectamos. Pero ese es otro tema, y por suerte los lectores no se chupan el dedo y se van dando cuenta de cómo es la cosa...

Fuente: lanacion.com


Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina