jueves, 13 de marzo de 2014

Qué es el síndrome del comedor nocturno (NES) y cómo prevenirlo

¿No comes casi nada a lo largo del día y por la noche te pones hasta arriba como si no hubiera un mañana? Ponte alerta, porque puedes sufrir el síndrome del comedor nocturno. Este trastorno alimenticio, que supone un desorden en la rutina de las comidas, tiene como una de sus consecuencias la predisposición al sobrepeso.


El número de personas que sufren el síndrome del comedor nocturno o NES (Night Eater Syndrome) lleva aumentando desde los últimos diez años, y es una de las causas de la obesidad en nuestra época. Se trata de un desorden que supone trastornos alimenticios, del sueño y psicológicos: veamos cómo nos afecta y qué podemos hacer para evitarlo.


Las señales que nos indican que nos encontramos ante una persona con síndrome del comedor nocturno suelen ser el ayuno durante la mayor parte del día, la ingesta descontrolada de calorías después de la hora de la cena y el hecho de despertarse en medio de la noche para comer y después volver a dormirse.


No hablamos en este caso del ayuno intermitente (IF o intermittent fasting), en el que la ingesta de calorías está controlada, ni de épocas de ayuno premeditado como medio para conseguir mejoras en el entrenamiento, sino de un trastorno alimenticio difícil de controlar y generalmente causado por el estrés y asociado a episodios de depresión, baja autoestima o ansiedad.


Además del desorden en las comidas, los “comedores nocturnos” sufren también alteraciones del ciclo del sueño y de su reloj biológico: al despertarse por la noche para comer no consiguen un descanso completo y satisfactorio. Otros problemas pueden ser el descenso de los niveles de leptina y de melatonina, hormonas relacionadas con el control del peso.


Generalmente, los comedores nocturnos se saltan el desayuno porque se sienten llenos al haberse pegado un atracón por la noche, y pasan casi todo el día sin comer hasta llegar las últimas horas del día: en ese momento sienten hambre y comen de forma descontrolada, de modo que por la mañana vuelven a no tener hambre. Es la pescadilla que se muerde la cola.

¿Qué podemos hacer para romper el círculo vicioso?






  • Dado que es un trastorno asociado al estrés, deberemos en primer lugar reducir estos niveles. Lo más aconsejable es acudir a un especialista que nos pueda ayudar a manejar las situaciones que nos producen ansiedad: deberemos examinar qué parcelas de nuestra vida personal o social nos llevan a niveles altos de estrés y cómo podemos abordarlas.
  • Llevar una rutina ordenada de comidas también nos ayudará a prevenir este trastorno: no hablo de comer ni 3, ni 5, ni 7 veces al día, porque no creo que haya un número mágico por el que todos nos tengamos que regir. Pero sí realizar las comidas siempre a la misma hora y de una forma ordenada y consciente.
  • Nutrirnos en lugar de “comer a secas” también es importante: saber qué es lo que comemos y por qué lo comemos. Conocer qué es lo que nos pide el cuerpo en un momento determinado del día y cómo podemos ofrecérselo es un buen paso. Al fin y al cabo, tener una buena base de educación nutricional.
  • Si el problema persiste y no podemos controlarlo, habrá que acudir a un especialista en trastornos alimenticios que pueda diagnosticarnos y tratarnos de una forma personalizada y adecuada a nuestras necesidades.

  • Imagen | Thinkstock
    En Vitónica | Por qué las dietas no funcionan y qué es el “mindful eating”


    Fuente: vitonica.com

    No hay comentarios:

    Publicar un comentario


    Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina