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sábado, 30 de octubre de 2010

No le ponga tanta sal a la vida

MADRID.- Da sabor, energía y, según dicen algunos, incluso buena suerte si la echamos sobre los hombros. Pero, en exceso, la sal puede traer muchos problemas.

Y abusar, abusamos. Un puñadito de más en el guiso, un aperitivo a media mañana, esa salsa preparada tan sabrosa, y el salero siempre a mano... En total, nos pasamos más que de lejos de los cinco gramos diarios –una cucharadita- que, según los expertos, serían recomendables.

¿La razón? La sal ha pasado de ser un producto preciado y escaso (en la antigüedad se utilizó como moneda de cambio) a estar presente, y en grandes cantidades, en muchas de las cosas que comemos, sobre todo en los alimentos precocinados. Tanto exceso, puede afectar a nuestra salud cardiovascular; sobre todo si ya se tienen problemas con la presión arterial o una sensibilidad especial al exceso de sodio.

"Estudios poblacionales muestran que, a nivel global, un consumo excesivo de sal se asocia con niveles de tensión arterial más altos y más casos de hipertensión, lo que puede provocar más problemas cardiovasculares", explica Josep Redon, experto en Medicina Interna del Hospital Clínico de Valencia.

Menos sal, más salud

Según una revisión de estudios que acaba de publicar la Asociación Médica Americana, pequeñas reducciones en el consumo diario permiten prevenir nuevos casos de hipertensión y mantener alejadas las posibilidades de sufrir un problema en el corazón.

"Reducir 1,3 gramos de sodio al día permitiría salvar 150.000 vidas al año en Estados Unidos", explican los autores de este estudio, quienes remarcan que la restricción del consumo de sal no debería ser una cuestión exclusiva de quienes ya padecen un problema de hipertensión.

En nuestro país, el problema tal vez no sea tan grave como en Norteamérica donde, según las estimaciones, un adulto consume alrededor de 4.000 mg de sodio al día, pese a que la OMS recomienda que no se superen los 2.000 mg. Sin embargo, según indican los expertos, también deberíamos controlarlos más.

"A todos los hipertensos se les recomienda una reducción del consumo de sal pero, en realidad, nadie debería abusar", explica Redon, que forma parte de 'World Action on salt and Health', un organismo que trabaja para concienciar a la población de la necesidad de controlar la ingesta de sal.

Vicente Bertomeu, presidente de la sección de hipertensión arterial de la Sociedad Española del Corazón, coincide con la tesis Redon. "Consumimos demasiada y nuestras necesidades básicas están cubiertas con mucho menos. Puede cocinarse con sal, pero no es adecuado usar el salero en la mesa para añadir más a la a la ya utilizada al condimentar los alimentos", comenta este experto.

Controlar los precocinados

Sin embargo, mantener a raya el salero no es la única medida que debemos emplear para controlar nuestro consumo de sal ya que la mayoría del sodio que consumimos proviene de productos procesados industrialmente. Y no siempre es fácil detectar los excesos, ya que, tal como explica Barry D. Dickinson, miembro de la Asociación Médica Americana y uno de los autores de la revisión que acaba de publicarse, no todo lo que lleva mucha sal sabe salado.

"La sal suele utilizarse para la preservación de los alimentos y, en algunos productos, para bloquear sabores amargos" explica este experto. "Además, algunos productores la añaden porque dicen que aumenta la aceptación del consumidor de determinados sabores y texturas", añade.

De este modo, productos como los cereales de desayuno, que aparentemente son dulces, contienen normalmente grandes cantidades de sodio. "Casi todos los alimentos procesados se producen con muchísima sal", explica Javier Aranceta, presidente de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria. "Y, sin embargo, en la mayoría de las etiquetas no se especifican las cantidades, por lo que una persona con problemas de hipertensión o sensibilidad a la sal tiene que acudir a un experto para saber qué alimentos debe evitar".

En abril de este año, la OMS hizo un llamamiento a las compañías alimentarias para que redujeran drásticamente el contenido en sal de sus productos y especificaran las cantidades utilizadas en cada etiqueta. Además, instaba a los Gobiernos a promover políticas para controlar la ingesta de sodio. Pero, hasta el momento, son pocos los esfuerzos que se han hecho al respecto.

¿Qué podemos hacer desde casa? Según explica Aranceta, además de quitar el salero de la mesa y no añadir mucha sal a las comidas, no se debe abusar de productos ricos en sal, como salazones, embutidos y frutos secos. Además, es preferible cambiar los alimentos precocinados por productos frescos, optar más por la cocina al vapor o a la plancha y usar otros condimentos para dar sabor.

Fuente: elmundo.es

martes, 31 de agosto de 2010

Toma sal yodada, es salud

La mayoría de todos nosotros incluimos sal en todas nuestras comidas. Parece que si no le echamos sal a las cosas están sosas y menos buenas. Al margen de enfermedades en las que se debe evitar la sal, como es la hipertensión, existe una carencia de yodo que podría solucionarse si se tomara sal yodada.

La tierra en sí es pobre en yodo. Prácticamente todo el yodo se encuentra en los océanos y la fuente casi exclusiva de este mineral son los alimentos de origen marino, como los pescados, mariscos, algas, etc.

La Organización Mundial de la Salud, UNICEF y las autoridades sanitarias españolas y autonómicas, recomienda el uso habitual de la sal yodada en la preparación de las comidas y la ingesta de alimentos ricos en yodo.

Las necesidades de yodo varían a lo largo de la vida y son mucho más importantes durante el embarazo y la lactancia. La sal común y la sal marina no contienen yodo, siendo la sal yodada la única que contiene este elemento. La carencia del yodo durante el embarazo repercute directamente en su curso y en el desarrollo intelectual del bebe.

Las mujeres embarazadas y en período de lactancia deben completar su dieta con medicamentos yodados (200 mcg/día), deben empezar a tomarlos cuando panifican el embarazo. Así mismo, los padres de niños que comen en los comedores escolares deberían pedir que en ellos se utilicen exclusivamente sal yodada en la elaboración de los alimentos, mientras que en casa lo podremos hacer sin ningún problema.

Fuente: vitonica.com

miércoles, 27 de mayo de 2009

¿La sal engorda?

En diálogos personales muchas veces he escuchado que se preguntan por qué aumentan de peso después de una cena rica en sal o bien, por qué se desaconseja agregar sal a las comidas. Frecuentemente éstas situaciones llevan a una creencia errónea: la sal engorda.
La sal no engorda ni suma calorías a la dieta, pero sí puede producir un incremento de peso corporal que no se debe a mayor masa o grasa en el cuerpo, sino que obedece a cambios en los fluidos corporales, es decir, a una retención de líquidos.
La báscula puede señalar un kilo o dos de más si nos pesamos una mañana después de haber cenado el día anterior con alimentos muy salados, tal como aceitunas, anchoas o jamón curado, pero ésto no significa que haya aumentado la grasa en el cuerpo, es decir, no hemos engordado, sino que estamos reteniendo líquidos porque el sodio causa ese efecto en el organismo para lograr un equilibrio electrolítico.
Por otro lado, se desaconseja agregar sal a las comidas simplemente porque el exceso de sodio que caracteriza a las dietas actuales se vincula a afecciones cardiovasculares y si bien el sodio es necesario en el cuerpo para alcanzar un equilibrio de líquidos, transmitir el impulso nervioso y contraer músculos, abusar de éste puede ocasionar problemas de salud.
Lo recomendable es moderar la ingesta de sal para cuidar el normal funcionamiento del organismo, pero sabiendo que la sal no engorda, no suma calorías a un alimento ni grasa al cuerpo, sino que un exceso favorece la retención de líquidos y ésto, sobreexige a los órganos como el corazón y riñones ocasionando problemas de salud, por ello, moderar la ingesta de sal forma parte de los consejos para lograr una dieta saludable.
Fuente: vitonica.com

Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina