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martes, 13 de abril de 2010

Karl Lagerfeld, hasta en las gaseosas


El diseñador de Chanel creó una edición limitada de botellas para la versión light de Coca-Cola; el producto saldrá en Francia a fin de mes.

Las botellas de Coca Cola Light, en Francia, serán más fashion que nunca, ya que a partir de fin de este mes saldrá una versión limitada de esa bebida diseñada nada menos que por Karl Lagerfeld. Según dicen, es su gaseosa preferida.

Según la publicación Europa Press , el modisto se ha inspirado en su propio estilo: el traje de chaqueta negro combinado con una camisa blanca. En el envase de aluminio se ve la silueta de su figura, de perfil. Para personalizar la creación y distinguirla del típico rojo emblemático de Coca- Cola, le habría añadido un toque de rosa en la tapa y en las letras que indican que se trata de una bebida bajas calorías.

Por otra parte, Lagerfeld participó en el rodaje del corto publicitario para la próxima campaña, del que también participaron modelos como Coco Rocha y Baptise Giacobini.

Fuente: lanacion.com

lunes, 14 de diciembre de 2009

Fernet con linaje

El conde Niccolò Branca representa la quinta generación de la familia que dio origen a esta bebida italiana que es furor en nuestro país. Secretos para fanáticos

Un producto medicinal. Esa fue la idea que se le cruzó a Bernardino Branca, suerte de alquimista. Cuando mezclaba y mezclaba aquellas hierbas en busca de una bebida que facilitara la digestión, il signore Branca no tenía en mente esos vasos largos con la espuma a tope, una bebida cola intrusa y jóvenes con afán ritual hacia lo que consideran un elixir. Cinco generaciones después, Niccolò Branca, 52 años, nacido en Francia por casualidad pero afincado en Milán, soltará una carcajada cuando se le menciona el grado de veneración que se tiene en la Argentina por la bebida creada por sus ancestros.

-Aunque pocos lo conozcan, usted tiene tantos seguidores como una estrella de rock...

-Ja... Bueno, no es para tanto... No soy un ídolo.

Lleva gafas redondas y una fecunda cabellera que cae a dos aguas sobre un rostro amable, coronado por una barba que redondea la fisonomía prototípica de un eminente profesor de historia. En 1930, el Branca a cargo de la empresa recibió de parte del papa Pío XI el título de conde, honor que Niccolò heredó y siente como gran responsabilidad: "Lo vivo como algo para tener siempre presente, como un recuerdo de que hay que hacer bien las cosas", dice con modestia.

Niccolò Branca, conde, es también -por sobre todo- el presidente del grupo que lleva su apellido y cuyo emblema principal es el fernet, institucionalizado en 1845 a través de la firma Fratelli Branca con un objetivo bien distinto del actual. "No fue una bebida creada para ser tomada en las discotecas. La idea era producir algo medicinal, con hierbas provenientes de todos los continentes", afirma Branca. Es decir, un producto que viniera de la tierra y con una filosofía familiar que desde su etiqueta deja en claro los objetivos con los que soñaba il signore Bernardino: "No para mí, sino para mis hijos".

Revela el conde: "En Italia se bebe como digestivo de sobremesa, después de la comida. Lo del trago con cola es un invento argentino. Recién ahora los italianos están tomándolo como aquí".

Sobre el fenómeno argentino del fernet (con Córdoba como provincia emblemática en cantidad de consumo, seguida por Salta y Tucumán), Branca no tiene una explicación clara, aunque desde la conducción local de la empresa señalan 1993 como el año a partir del cual el consumo de este amaro se aceleró notablemente y desarrolló un fanatismo e identificación que no logró ninguna otra bebida.

Tanto es así que la única planta productora fuera de Italia está en nuestro país. Debido a la demanda que existía por parte de los inmigrantes italianos, Branca se afincó en la Argentina (en el barrio porteño de Parque Patricios), en 1941, para producir localmente. Y en 2000 se trasladó íntegramente a un moderno predio en Tortuguitas, cuyas bodegas subterráneas ya funcionaban desde 1982. Desde allí surte de fernet a toda América latina, gracias a una producción que contempla la elaboración de 300.000 litros por día hábil.

Branca es líder abrumador en su segmento, y -aunque prefieren no hablar de cifras de venta- hay cierta arrogancia a la hora de referirse a la competencia. "En realidad, el fernet es Branca. El resto son aproximaciones, algunas mejores, otras no tanto", se jactan desde la empresa. Con el auge del consumo en los últimos años, apareció al menos una decena de etiquetas para disputarle el trono.

Fórmula secreta

La elaboración es todo un tema. Las hierbas utilizadas son traídas de Italia. El resto es materia prima y mano de obra vernácula. Aquí se mezclan las hierbas con alcohol (proveniente de los ingenios del norte argentino), agua y caramelo.

El resultado de esa mixtura se estaciona durante un año en gigantes barricas de roble, a una temperatura cinco grados menor que en el exterior. En las imponentes bodegas descansan alrededor de un millón y medio de litros de la oscura bebida.

Eso sí: la fórmula exacta es un verdadero misterio. "Es secreta. Algunas personas tienen pedazos de la fórmula, pero nadie la posee entera", señala Branca, inmutable. El cómo y el cuánto de la mezcla de hierbas está bajo llave en algún lugar inexpugnable del planeta.

En Italia hay un centro que analiza los componentes, y esto es clave para la elaboración, pues como la base son productos de la tierra y el clima ha ido cambiando a través de los años, es lógico que el fernet no sea el mismo de otros tiempos. "Se trata de preservar la calidad, pero teniendo en cuenta que cuando cambia un componente se modifica el producto final. Como viene de la naturaleza, es lógico que de un año para otro las cosechas varíen. Todo se siente en el producto final: la lluvia, el viento..." En la planta argentina también hay un laboratorio que explora la calidad del producto, en el que, de acuerdo con el propio Branca, "tienen tanta importancia las hierbas como la calidad del agua y la del alcohol".

-¿Cómo recomienda beberlo?

-Yo lo tomo todos los días, pero la manera varía según el momento y el lugar. En sus orígenes se tomaba puro, algo que todavía se estila, sobre todo en Italia. Yo lo bebo puro, solo o con hielo, pero cuando estoy con amigos lo tomo con cola. Incluso, en Estados Unidos se acompaña con ginger ale. Reconozco que no es un producto fácil de beber; es para ir develando de a poco. Un continuo descubrimiento de sabores y aromas. Porque, además, siempre sabe diferente.

Fuente: lanacion.com

jueves, 22 de octubre de 2009

Reconocen estar "hartos" del vino tinto"

El precio de la fama, o cómo tener que repetir sistemáticamente algo que se llega a detestar, es lo que viven los músicos de la célebre banda inglesa UB40.

Desde que lanzaron en 1983 su tema más famoso, Red Red Wine , la banda de reggae tuvo que tocar la misma canción en todos sus recitales, forzados por la presión del público, algo que recuerda al infierno del protagonista del film Hechizo del tiempo , obligado a repetir todos los días una rutina idéntica.

"Odiamos tener que ensayar Red Red Wine , ya no la aguantamos más", confesó Robin Campbell, guitarrista de UB40. "Muchas veces la borramos de los ensayos porque nos tiene hartos, pero en cuanto la tocamos en los recitales, el público se vuelve loco", explicó a la cadena BBC.

Según Campbell, "esta es una de las canciones que la gente quiere escuchar y nosotros podemos estar completamente cansados de repetirla, pero ellos no. Porque hace años que no la escuchan en vivo y esto les devuelve la vida", reconoció el músico.

Fuente: lanacion.com

lunes, 31 de agosto de 2009

Los europeos empezaron a beber leche hace 7.500 años en los Balcanes


  • La enzima lactasa en la vida adulta permite digerir la leche más allá de la infancia
  • Comunidades ganaderas centroeuropeas, las primeras en experimentar este cambio
  • La mayoría de adultos del planeta carecen de esta característica

MADRID.- Ese gesto tan cotidiano de servirse un vaso de leche por la mañana tiene en realidad una enorme carga evolutiva y genética detrás. Apenas hace 7.500 años que el ser humano adulto desarrolló un cambio genético que le permitió digerir este alimento más allá de su infancia; y según se desprende de una nueva investigación al respecto, esta 'mutación positiva' no se originó en el norte de Europa como siempre se ha dicho, sino un poco más al sur, en los Balcanes.

La habilidad para digerir la leche no es universal; de hecho, más de tres cuartas partes de los adultos del planeta no produce la enzima lactasa que permite asimilar el principal azúcar lácteo (la lactosa). Por ejemplo, se calcula que más del 90% de la población asiática no tolera la lactosa, como tampoco lo hace el 75% de los afroamericanos; una situación también habitual en países tropicales y subtropicales. Sin embargo, entre los individuos de ancestros europeos este porcentaje es mucho menor y la mayoría de la población sigue produciendo la enzima a lo largo de su vida adulta debido a una mutación del gen de la lactasa que asegura su persistencia.

Esa diferencia genética que nos permite a los europeos beber leche después de la infancia (denominada persistencia de la lactasa) procede del Neolítico, coincidiendo con la aparición de las primeras sociedades ganaderas. Según un nuevo trabajo sobre esta debatida cuestión, que ahora publica la revista 'PLoS Computational Biology', el cambio genético que permitió a los primeros europeos empezar a beber la leche sin enfermar data aproximadamente de hace 7.500 años, en una región que ahora ocupa el noroeste de Hungría y el suroeste de Eslovaquia.

Hasta ahora se consideraba que esa alteración se produjo más al norte, por una pura presión natural debida a la falta de sol. Como en los países nórdicos no reciben suficiente luz solar, la principal fuente natural de vitamina D (necesaria para absorber el calcio), tuvieron que compensar esa carencia con otra fuente de calcio, como los lácteos.

Genes y vasijas

Sin embargo, el modelo computacional desarrollado por el equipo de Mark Thomas, del University College de Londres (Reino Unido), señala que el motor de esta selección genética no fue tanto el déficit de vitamina D, como la necesidad de digerir un alimento muy frecuentemente accesible en las primeras comunidades ganaderas (que habían dejado de ser recolectoras ocasionales para establecerse en asentamientos sedentarios). Para su modelo matemático, los investigadores combinaron elementos genéticos (la frecuencia de la mutación del gen de la lactasa), como arqueológicos (restos de vajillas) y sobre las prácticas de agricultura y ganadería del Neolítico.

Como aclara Thomas a elmundo.es el cambio genético asociado a la persistencia a la lactasa "surgió coincidiendo con la extensión de la cultura de la cerámica de bandas [en alemán, Linearbandkeramik], en el centro y no el norte de Europa, pese a que la tolerancia a la lactosa es superior en los países nórdicos". La leche se convirtió para ellos en un alimento relativamente constante, rico en proteínas y menos contaminado que las fuentes de agua y por pura selección natural su organismo siguió fabricando lactasa para poder digerirla.

Respecto a España, este investigador explica que la tasa de tolerancia a los lácteos en nuestro país es inferior a nuestros vecinos del norte, pero más elevada de lo que nos correspondería por ser un país mediterráneo (según sus cifras aquí ronda el 66%, aunque otras fuentes hablan de alrededor de un 85%). "Sospecho que esto se debe a la llegada a la Península Ibérica de culturas procedentes de Centroeuropa, cuyas economías estaban basadas en la ganadería", añade.

A partir de nuestro continente, añade el investigador británico, la persistencia a la lactasa (la posibilidad de beber leche) evolucionó más tarde y de manera independiente en los países africanos y de Oriente próximo. "Lo interesante sobre ambas regiones, donde muchos sí toleran los lácteos, es que se ha visto una estrecha relación con las prácticas ganaderas, por lo que grupos vecinos pueden tener tasas radicalmente diferentes entre sí". Eso explicaría, por ejemplo, que menos del 1% de la población adulta pueda beber leche en Zambia, pero esta cifra crezca hasta el 40% en la vecina Tanzania. "Al fin y al cabo, es poco probable que esta mutación ofrezca ninguna ventaja si no hay leche fresca disponible".


Cascada Inacayal - Villa La Angostura - Patagonia Argentina